RBBE REDACCIÓN EL PARDO Cuando caigas, joven guerrero, dos angeles de mejillas sonrosadas te subirán al cielo. A la derecha, Dino Dini, a la izquierda, Jon Ritman. Subirás con ellos al cielo del quehacer inexistente, inimaginable; al cielo del entretenimiento ingenuo, intenso, infinito… un cielo sin complicaciones, sin diferentes puntos de vista, un cielo isómetrico, el cielo de los 8 bits y de trozazos de vida como Match Day II.
¿Preocupado por la salud de su crack? ¿Teme que de los partidos internacionales se lo devuelvan hecho una braga? ¿Los cuidadores del césped de su estadio dejan más hoyos que los topillos en Castilla? ¿Intuye que los ligamentos de los futbolistas son más débiles que su moral a las cinco de la mañana? ¿Es acaso seguidor valencianista y ha respondido «sí a todo» con vehemencia? ¿Cree que hubiera sido mejor para el mundo, en general, que Álvaro -no el nuestro, no- se hubiera recuperado de su lesión lo justo para seguir su carrera en clubes de Segunda B? ¿Le daría a Robben otro tratamiento que no fuera el reposo? ¿Se le eriza el vello de la nuca todavía cuando ve esto? ¿Es el corredor de seguros de Motta y Edmílson? ¿De pequeño pasaba horas y horas arrasando a sus amigos en el Operación de MB, antes de descubrir la cocaína? ¿Duda que Pablo Alfaro, Corbalán o Pirri se han sacado la carrera de Medicina en una Facultad pública? ¿O duda todavía más de que Ángel Mur y otros masajistas oldstyle tengan algún tipo de formación reglada? Si han respondido que sí a la mayoría de las preguntas anteriores, son de los nuestros. Y los nuestros merecen lo mejor. Y lo mejor no es ver como engordan sus jugadores por pasarse seis meses de baja a costa del club. Ni tampoco tener que leer comunicados de los servicios médicos hablando de mala suerte. No señores, no. Que tú como yo, querido lector, las bajas de más de tres meses sólo se las has visto a las fulanas de administración con sus síndromes post parto y sus estrés posttraumático. Lo mejor es hacerse este curso rápido de cirugía, comprarse un bisturí, robarle a la abuela hilo y agujas y plantarse a la puerta de tu club, con el título de médico deportivo expedido en letra gótica del WordArt por la Royal Bloke Bachelors of Espein en una mano y los cojones en la otra mientras se pronuncia, en tono convincente, un «estoloarregloyoenunplís». Que peor de lo que está no lo podréis hacer -pero cuidadito con ese párkinson-.
Chavalería que nos leéis, aburridos oficinistas, funcionarios anodinos, parados de larga duración, políticos electos, amas de casa, amas de sado, futbolistas profesionales y también amateurs, militantes del GRAPO, periodistas deportivos, obreros todos: la Real Bitácora Balompédica Española, en un acto de generosidad que nos honra, os presenta de manera totalmente gratuita una oportunidad de dar un volantazo a vuestra vida de mierda para iniciar una andadura profesional que colmará incluso aquellas expectativas que jamás habíais osado verbalizar, un trabajo a vuestra medida que os permitirá escupir en la cara de vuestras madres y recordarles con sorna aquella frase que os repetían cual martillo pilón mientras vosotros os labrabais múltiples dioptrías y un preocupante onanismo frente a la pantalla del ordenador –“podrías estudiar en vez de pasar las horas aquí, que los videojuegos no te darán de comer”-, sí amigos, no sólo los chinos pasapantallas se pueden ganar un sueldo cuasimileurista con los videojuegos, sino que hoy puedes ser tú, tú puedes convertirte en un profesional de los videojuegos de fútbol. No dudéis en escribirnos un correo si necesitáis una carta de recomendación que certifique que sois lectores de la Real Bitácora Balompédica Española, que de algo os tenía que servir.
El Kick Off II fue el primer juego de fútbol serio al que se enfrentó la generación que tuvo ordenador en un tiempo en el que un PC era una opción más entre un montón posibles. Kick Off II era un juego que chutaba como Dios manda en el Amiga, máquina precisa y eficiente a la que el PC no logró igualar en juegos hasta los 486 hormonados y los primeros Pentium. Todo el mundo recuerda al Kick Off II por una característica que le hizo muy peculiar: corres recto con el balón, giras a la derecha, el jugador responde y el balón sigue en su trayectoria original. Es por ello que muchas partidas a simple vista parecían una especie de deporte norcoreano con enanos cabezones girando alrededor de una pelota sin tocarla.