RBBE REDACCIÓN EL PARDO En qué mal momento vuelve Diego Armando. Llevamos tiempo trabajando en una vejación sobre su conversión al beckhanismo que enlazase con la miserable aportación que hizo a su comunidad autónoma apoyando incondicionalmente al primer subprimero moderno, Menem. Todo ello con permiso del ex presidente del Rayo Vallecano, Ruiz Mateos, criminal patrio que contó con la suerte de, tras comprar su propia deuda con sociedades ficticias, ser considerado una víctima del Gobierno en lugar de salir éste a su “rescate” como se dice ahora que Londres nacionaliza la banca y la Unión de Estados Soviéticos de América menciona el bien común y demás zarandajas a cuenta del dinero de todos que hace trece segundos iban en contra de la libertad con ele de lefa. Este nombramiento no es católico para la AFA. Sergio ‘el Chencho’ Batista había logrado una muy meritoria medalla de oro con la sub 23 en Pekín y no hay nada que Bilardo, un entrenador desfasado, o Maradona, un entrenador (trece segundos lo fue) absolutamente fracasado, puedan poner sobre la mesa mejor que el honesto trabajo de Batista o, incluso, Bianchi. Pero el poder del coño llega muy lejos. Qué fácil es decir Diego donde dije digo si un jugoso chocho lubricará como recompensa. Maradona y su troupe están en la línea, son un chocho enorme; chocho de una puta rancia, pero con labia porteña. Algo indispensable para la venta de camisetas en 2010.
RBBE REDACCIÓN VARSOVIA Tarde y mal, para variar, pero oigan, esto no es un yoyalodije sino más bien un peroquémedices, que no es lo mismo, ni parecido, pero que merece igualmente una entrada en esta, nuestra Bitácora. Empecemos por lo de la guerra. No sé si a ustedes les habrá pasado alguna vez lo mismo que a mí: van a una librería, descubren un libro que parece que hable de fútbol y lo compran. El problema viene a la hora de léerselo, cuando se dan cuenta que oiga, de fútbol, exactamente de fútbol, no habla. A mí me ha pasado varias veces, pero la más grave de todas fue con La guerra del fútbol, de Ricardo Capucinsqui (lo va a escribir correctamente su puta madre, con suerte), que habla mucho más de guerra que de fútbol, y en cualquier caso, la guerra del fútbol es sólo uno de los artículos que componen la compilación. Pero nunca pensé que tener a mano las crónicas del comunista polaco fuera a servirme de nada, pero mírennos ahora, interpretando con soltura noticias como ésta: bolsas de orina e insultos racistas contra Panamá en El Salvador. Ah, qué mala es la memoria. Alguien debería contarles a los salvadoreños que no fueron los panameños sino los hondureños los que les dieron cera en el 70 con una excusa similar: los disturbios entre las aficiones en un partido de clasificación para el Mundial dio pie a la deportación de inmigrantes salvadoreños afincados en Honduras y, con ello, al inicio de la guerra de las 100 horas (la famosa guerra del fútbol de Capucinsqui). Aunque puestos a contar, sirva este artículo para explicarles los incidentes a los ciudadanos salvadoreños que no estuvieron en el estadio, porque la prensa autonómica titulaba al día siguiente cosas como «Sí, se pudo», «Milagro» o «Triunfo de la fe», mientras que las bolsas de orina no aparecían por ningún lado. Parece de todos modos que esta vez todo va a quedar en nada, y el único damnificado ha sido Guimaraes, seleccionador de Panamá, que fue despedido al no poder clasificar a su equipo para la siguiente ronda. Encima de puta, pone la cama. ¿Y el amor? De amor no sé, pero de sexo a pelo se habrá hartado Sergio Agüero, y ya hay que tener ganas, con la hija de Dios. Si en su día fuimos el primer medio europeo en hacernos eco del rumor de que Agüero podía estar percutiéndose a la hija fea de Maradona, ahora seamos probablemente los últimos en informar del embarazo con el que ha colmado de felicidad a la familia. Es en casos como éste donde se pone de manifiesto la sabiduría de la Naturaleza: si bien creíamos que la regla era un mecanismo para que dejáramos en paz a nuestra mujeres por lo menos durante una semana al mes (o dándole la vuelta, para que ellas tuvieran una excusa real para no follar), queda demostrado que la utilidad real de la menstruación es servir de aviso periódico para que todas aquellas chicas que se calzan con la ayuda de un espejo puedan saber con bastante exactitud si están o no en estado de buena esperanza, evitando así que féminas como Giannina se sorprendan al cabo de nueve meses cuando algo se les caiga de entre las piernas. Dice Cerezo que si sale varón, lo va fichando ya para el Atleti, que apellidándose Agüero Maradona sólo puede ser un crack. Y es probable que sea un crack, pero no sólo: en la RBBE también esperamos que la criatura crezca para seguir sus andanzas, que si tiene algo del padre y mucho del abuelo nos va a dar grandes tardes de gloria, y no precisamente en los terrenos de juego.
RBBE REDACCIÓN VARSOVIA Dios, de la mano de Kusturica, se ha paseado por la alfombra roja del festival de cine de Cannes, y el eco mediático de lo uno y de los otros se han multiplicado para que el télex de agencias saque humo y escupa hora sí hora también frases del Diego sobre los más variados temas, unos nos interesan más, otros no tanto, pronunciadas cada vez que un micrófono se acercaba a menos de medio metro a la redonda de su boca. Sirvan estos recortes como muestra. Sobre el Fútbol Club Barcelona y su gestión deficiente de la retención del talento: «A mí ya me pasó con Núñez, no ha cambiado nada, hermana. (…) Ronaldinho es demasiado buen tipo, demasiado buen jugador como para que se le critique. Se lo ha dado todo al Barcelona y, ahora que no ha jugado, no ganan nada sin él. (…) Le pido a los barcelonistas de verdad que retengan a Ronaldinho. Que no pase lo mismo que con Figo, con Romario, con Rivaldo, y tantos otros a los que echaron por celos del Barcelona». Sobre la lucha campesina en la Argentina: «Me quisieron meter como que yo estaba con la Presidente y yo lo único que tengo es respeto con la Presidente, pero estoy con el campo. (…) No era gente rica, era gente trabajadora, y yo estoy con la gente trabajadora. (…) La gente del campo está luchando, y así en toda Sudamérica». Sobre la adicción a la cocaína y el efecto de esta en el rendimiento del Maradona futbolista (extracto del film): «¿Sabés qué jugador podría haber sido de no haber tomado cocaína? Me queda el sabor de no saber quién habría sido». Sobre la Eurocopa y la selección española: «Apoyaré con el corazón a España» (aunque también ha declarado, que se note que ha vivido en Barcelona que «si supiera quién iba a ganar, habría apostado»). Sobre la Mano de Dios y Julia Roberts: «Daría la mano del gol a Inglaterra por ella» (Kusturica precisó que esa era «la mano de Dios», a lo que Diego respondió: «Si la gente quiere considerarme Dios no voy a llevarle la contraria»). De propina, tres noticias de calado para la parroquia errebebeica. 1) Se casa Maxi López, ex de River y de Barcelona, con Wanda Nara, ex de Maradona y que tras pasar una noche con Dios declaró que todavía mantenía su virginidad, cuál María del siglo XXI. 2) La comarca de El Chaco, en la Comunidad Autónoma de la Argentina, de la mano de Lotería Chaqueña, pone en marcha «Jugá con Maradona», un complejo a la par que absurdo juego de azar que ya funcionaba con éxito en otras comarcas de ultramar en el que por, al cambio, medio euro, podremos ganar lo justo para pagarnos un gintonic en Alonso Martínez. Don Manolo, consultor de la RBBE en temas de juego y azar, elaborará un completo informe de todo ello. y 3) En el Atlético de Madrid están preocupados por las compañías de Agüero y, muy especialmente, en la ascendencia que el Diego pueda tener sobre éste, más desde que la gordita Gianina se ha instalado en Madrid para vivir con el Kun. En la RBBE, sin embargo, estamos más preocupados por la ascendencia de éste sobre Maradona, ya que Sergio Agüero, con la intercesión del gitano Reyes, preparó una cita entre Dios y Guti que, para más inri, acabó en un control de alcoholemia en pleno Capitán Haya en el que nadie dió positivo. ¿Es o no para preocuparse?
Inglaterra es un país poco serio. No tienen Constitución y su religión es una chufla inventada por los políticos de la época por un quítame allá esa mujer. Vale, que sí, que nos hundieron la Armada Invencible (sic) y que han metido a tres equipos en las semifinales de la Champions, pero en qué queda eso ante una Constitución como la española del 78 (de la que se habla mucho pero no hay manera humana de tocar una coma) o la vigencia del concordato con la Santa Sede, con dos cojones, por no hablar de las nueve copas de Europa del MEMYUC. Porque a democrático y católico no nos gana ni el Vaticano, por mucha monarquía electiva que tengan (e incluso en fútbol, donde no es que no nos gane nadie sino que nos gana casi todo el mundo, fue la furia roja la primera en ganar a los ingleses fuera de las islas). Pero es que si Inglaterra es de risa, cuánto no será Escocia, que aún teniendo una liga de fútbol propia -que es el mejor método para dirimir disputas vecinales, infinitamente mejor que un tribunal constitucional- tiene que echar mano de los problemas de Inglaterra para hostiarse a base de bien en el campo, en la grada, en las calles y en las urnas. Que hay que ser pobre para no tener ni problemas propios. Porque sólo así se explica que en las gradas de los Old Firms haya más banderas irlandesas o británicas que escocesas, y que los aficionados des-animen al equipo rival con más insultos religiosos de los que se podrían escuchar en un Bayern de Munich vs. Hapoel Beer Sheba de la temporada 1938. Tal es la implicación socioreligiosa de los partidos entre Rangers y Celtics que ni siquiera los jugadores pueden librarse de ella, hasta el punto que se pueden contar con los dedos de manos y pies de alguien que no sea Juanito Oiarzabal los católicos que han jugado de azul (entre ellos Carlos Cuéllar, católico ex de Osasuna, válgame la redundancia) y los protestantes de verdiblanco. Y aunque de unos años a esta parte las directivas de ambos clubes están haciendo los posibles para rebajar la tensión entre sus aficiones y que de puertas afuera se las dan de tolerantes y multiculturales aún quedan vestigios de lo que la rivalidad fue y confiemos que siga siendo: alabado sea el director técnico del Celtic que fichó al portero internacional polaco Artur Boruc -ferviente católico y fan del también polaco Wojtila, Papa póstumo de Roma a la sazón y blanco, como tal, de los insultos reiterados de los putos Billy Boys- que hartísimo de las contínuas faltas de respeto hacia la única religión verdadera, su Iglesia y la cabeza visible de ésta saludó al final del partido en el que derrotaron a los Rangers por 3 a 2 a la afición protestante con una camiseta que rezaba «God bless the Pope». Grande Artur. Y grande Gordon.
A pesar de lo que pueda parecer por la foto que encabeza el artículo, muy probablemente más desagradable para las personas de bien (o sea, de género masculino y gustos heterosexuales) que frecuentan esta Bitácora que la que encabezaba la entrada anterior, esto es serio: Joan Sabaté, el Maradona de la Rambla, se jubila (es un decir lo de jubilarse, porque dudamos de la hostia que haya pagado los módulos de autónomos correspondientes y que de esa manera tenga derecho a algo más que a una pensión no contributiva). Hoy. ¡A las once de la mañana! O sea, hace ya unos cuantos minutos. Cumplidos los sesentaycinco, dejará de patear repetidamente a la vieja María, que no es su esposa sino su balón, y los transeuntes que
evitamos a toda costa pasear por frecuentamos la única arteria de la Ciudad Condal que consigue convertir en baratas las cervezas a presión del Paseo de Gracia y en agradable un paseo por Nou Barris no podremos volver a pararnos un momento a mirar de refilón sin soltar un puto euro a ese señor con pinta de indigente -y que a punto estuvo de no tener sólo la pinta sino todo el pack del modus vivendi del vagabundo cuando se vio afectado por la crisis económica de los ochenta-. Porque Sabaté, ciudadano de Sant Feliu, antiguo ostentador de un récord Guiness de control de balón -16.000 toques-, sufrido usuario de la RENFE y asiduo del Café Zurich fue una vez jugador profesional de fútbol. No de relumbrón pero sí lo suficientemente jugador de fútbol como para formar un par de veces con la selección catalana y ganarse la vida en la Tercera División, cuando la Tercera División daba para ganarse la vida de tan jodida que estaba la vida, acabando su carrera en el Ibiza (que no «en un Ibiza» aunque, repetimos, poco faltó). Se pasó entonces a la empresa privada, hasta que la crisis del tardofelipismo le dejó sin trabajo y sin, repite sin cesar a todo el que se lo pregunta, autoestima. Sumido en la depresión y azuzado por su esposa, que le acusaba de haberse alejado del fútbol. Camino de la indigencia, decidió no completar el trayecto y quedarse en el extraradio de la mendicidad, haraposo con camisetas de imitación del Barça, quizá compradas en la misma Rambla, compartiendo espacio con las primeras esperpénticas estatuas que hoy compiten por un metro cuadrado con floristas, trileros, putas e hijos de puta y partidos políticos. Los mismos políticos hijos de puta que le secuestraron a María y que tuvieron a Joan en el disparadero (y, durante dos años, en el dique seco) por no cumplir la famosa ordenanza de cinvismo con la que nos obsequiaron a los barceloneses que, ya ven, nos impide mearnos en la calle y ver al bueno de Joan. Un represaliado, vamos. Y hoy, veinte años después, se va. No le hemos podido ir a despedir como merece porque estamos perdiendo el tiempo delante del ordenador contándooslo; sirva esto de homenaje al Maradona de la Rambla: gloria y honor a Joan Sabaté, proletario del fútbol.
Es muy común comparar a Dios con un gitano. Que si comparar a la Velvet con los Strokes es comparar a Dios con un gitano, que si comparar a los Beatles con Oasis es comparar a Dios con un gitano. Conocemos el asunto. Lo que nadie preveía es que algún día los íbamos a ver juntos. Ahí están, hale, comparen.
Diego Armando y Kusturica
Pasando por alto lo del caballero de otra etnia, hay que señalar que lo sucedido en esta imagen es probablemente el acontecimiento más importante en lo que llevamos de siglo. En primer lugar, porque la foto data de hace diez días de este año bisiesto en Madrid. La capital de España no sólo es la ciudad más emblemática de nuestra Patria, faro y guía de Occidente, puntal de la civilización, estandarte del Dios verdadero y bandera del buen comer, hasta reventar, y el buen beber, hasta potar, Madrid es también un lugar donde la gente habla bien. Lo hacen en castellano, perfectamente comprensible, como debería hacer todo el mundo. Es un idioma donde la p con la a es pa. Ni pei ni pua ni po. Pa, lo que pone, hostias. Se habla como se escribe. Es un idioma honesto. Tu escuchas a un sucio francés leer en su lengua y eso no se parece ni por los cojones a lo que está escrito. En fin, Madrid también es la sede central de la RBBE, y como tal contagia el espíritu de la línea editorial pese a contar con sedes en territorios traidores con corresponsales sediciosos al frente. Asimismo, también es una ciudad en cuyo monumento a los caídos por la Patria se reunen habitualmente homosexuales en busca de sexo con desconocidos. Véase tamaño monumento a la camaradería, un cofre con restos de muertos en todas las guerras, una llama perenne, y grupitos de varones comiéndose las pollas entre los setos. Madrid es Madrid, y en Madrid sucedió esto.
Era el concierto de No Smoking Band. Y de repente, nada, macho, que sale al escenario ni más ni menos que Diego Armando Maradona Franco, «Dios», se canta una canción y pega un grito al final de la misma: ¡Viva Serbia!
Yo no sé si los lectores tendrán la audacia de cuando ven una colilla deducir: aquí han fumado. Pero es que esto ya no es que lo digamos nosotros, es que lo acaba de decir Dios. El mismísimo Creador del Universo ama a Serbia y ha venido aquí a Madrid a dejarlo claro.
Señores, qué más se puede añadir.
Andaba yo, por cuestiones que no vienen a cuento, mirando cosas sobre el crimen y el mundo del arte -ahí no entra lo del asesinato como una de las bellas artes, ni tampoco exponer fetos humanos mutantes, siento decepcionarles-, y documentándome en la más reputada biblioteca del mundo en este tema en particular, y en todos en general, o sea, Google, que me he topado con que le han robado a Diego. En Italia. Vamos, en Nápoles, sea esto lo que sea. Y no le han robado la cartera, como nos la robarían a nosotros caso de escoger Nápoles como ciudad de vacaciones, no, le han robado 600 piezas de «arte» que formaban parte del catálogo de una exposición itinerante que ya ha visitado durante los cinco últimos años México, Argentina, Alemania y la parte más civilizada de Italia, sin incidentes a destacar. Pero ay, amigo, llegar a Nápoles y denunciar un robo ha sido todo uno, que débil es la memoria que ya ni siquiera respetan al Pelusa (asociado, para esta causa, una vez más, con Guillermo Cóppola en una empresa llamada -qué horror- «Diegui»). Al final la cosa no tiene ni puto encanto: nada de atracos sofisticados con Catherine Zeta Jones contorsionándose entre láseres, ni siquiera un trasunto de Pierce Brosnan robándote delante de los morros con una sonrisa encantadora, sino que ha sido el propio empresario que gestionaba la exposición el que ha decidido apoderarse de las piezas (entre ellas -qué disimulado el tío- el Balón de Oro y la Bota de Oro de la Copa del Mundo de 1986 y, lo que es más grave, un regalo que le hizo Fidel) y/o retenerlas en distintas aduanas por, al parecer, no haberse puesto de acuerdo con «Diegui S.L.» a la hora de lo que viene siendo cobrar, que se note que el Diego ha vivido una temporadita en Barcelona. Pero esta noticia, que la da hasta el Marca, me ha llevado de la mano a otra, mucho más divertida, dónde va a parar: Maradona visitará el Museo del Holocausto de Buenos Aires. Ya, que os da igual. Que no tiene nada de raro que un futbolista como Maradona visite museos, ¿verdad? Nah, es como si os dicen que Juanito se había hecho mechitas, que seguro que os quedabais igual, ¿o qué? Que no. Lo visitará porque se le ocurrió hace unos días recibir a un embajador de negocios iraní en Buenos Aires y, a la salida de la reunión, embebido de las excelencias de la teocracia islámica, manifestó su amor por la República de Irán («Estoy con los iraníes de todo corazón, de verdad lo digo. Lo digo porque lo siento: estoy con el pueblo de Irán») y las ganas que tiene, después de haber conocido ya a Fidel y a Chávez, de conocer a Amahdasjdasdjajsjajsdjasineyad. Y le han invitado, y ha aceptado, y todo es de color de rosa. ¿Todo? No, por supuesto. Los judíos argentinos, que no sólo son judíos sino que además son argentinos, por lo que se produce un efecto multiplicador del victimismo hasta cotas siderales sólo al alcance de un judío catalán, se han sentido profundamente ofendidos por el apoyo al presidente iraní (con lo que ello conlleva para el Estado de Israel, sumado a la sospecha bastante fundada de que Teherán tuviera algo que ver en un atentado que acabó con ochentaypico argentinos en 1994) y han invitado al Diego a visitar el Museo del Holocausto de Buenos Aires, a ver si lo ganan para la causa. Y el Diego ha aceptado, que le sobra el tiempo.
Total: Maradona no opina de política ni de religión y respeta a todo el mundo. ¿Se le puede echar más morro? Amor eterno al Diego.
Y, concretamente, hay que cambiarla por esto. Y es que ya estamos un poco hasta los cojones, para qué engañarnos. ¿Que no quieren caldo? Pues cuatro tazas en forma de cabeza de moro cortada, que a ver qué se han creído, que los sardos y los aragoneses ya pasean este trapo por el mundo -pero, como ustedes supondrán, también con polémica-. Y a la próxima que nos toquen las narices propondremos ponerles tetas a nuestros futbolistas y que celebren los goles en campo infiel quitándose la camiseta, tocándose el culo y dándose piquitos (que aunque no lo parezca, hay cosas más importantes que la virilidad). Y es que si les molesta la cruz de San Jorge (para los socios culés, Sant Jordi) es porque les recuerda a los cruzados templarios a los que ya pintaron la cara en San Juan de Acre (que ya me contarán, otra cosa sería que los soldados del Temple siguieran alojados en Jerusalén meándoles la cara), porque no creo que los adoradores de Alá se hayan pasado de hoy para mañana al veganismo radical y a la liberación animal y se ofendan porque el tal Jordi se hiciera unos bratswurts de dragón con el objetivo nada católico de ensartar a la princesa de turno. No podemos decir que no estuviéramos sobre aviso, es cierto, pues el Inter ya tuvo problemas por jugar con su camiseta conmemorativa en Turquía, ese modélico estado laico. Pero qué hostias, entonces casi nos hizo gracia… y no nos acordamos del bueno de Bertol Brecht y de aquello que primero fueron a por los judíos, y luego a por los comunistas, y luego… bah, y ahora van y vienen a por nosotros. Que a nosotros nos da igual, que allá cada cual con sus vicios, pero lo que no puede ser es que la sacrosanta camiseta blaugrana la vendan en los zocos de Riad con el escudo cambiado. Y no se confundan, que no es por el escudo. Es por la certeza que eso no son camisetas originales y que, en consecuencia, de ahí no trinca pasta el Barça sino que algún chino se está pasando de listo y en aras de la multiculturalidad se está embolsando una guita que no le pertenece. Vamos, que todo el respeto para su religión, pero que ellos respeten también la mayor de las religiones catalanas, el pelismo, y se rasquen los bolsillos para que el Barça pueda seguir alimentando a Ronaldinhos de la vida y suministrando hormonas del crecimiento a cuanto Messi haga falta, pero también rescatando de los cayucos a los muy musulmanes Toure y Abidal. Que vale ya de ceder, oiga, ni de coña: desde la RBBE proponemos que a la mínima que se plante un equipo turco, saudí, iraní o de Martorell en tierra de cristianos viejos, en la comida entre directivas les sirvan un Cinco Jotas y un Rioja reserva que no se lo salte un gitano. Reciprocidad, pura y dura, y a ver si hay suerte y el bombo nos regala un Barça Fenerbahce en octavos de la Champions
, que ya tenemos ganas de volver a ver a Roberto Carlos. En cualquier caso, dejen de lado por un momento sus colores, sean los que sean, únanse al clamor y repitan con nosotros: por Dios y por España, Visca el Barça.
El señor que aparece a la derecha de la foto, en alegre francachela con el exportero del América de Cali, Julio César Falcioni, no es otro que Fernando Rodríguez Mondragón, hijo y sobrino de dos de los fundadores del Cártel de Cali -Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela «el ajedrecista» y «el maestro», respectivamente-, importante ONG especializada en la distribución internacional de ayuda humanitaria a gran escala y cuyo objetivo es el de hacer más llevadera a la juventud occidental el malestar en el capitalismo a través de la evasión mediante ingesta por vía nasal, intravenosa o alveolar de productos tradicionales andinos tratados químicamente. Una ONG a la que, puede que sin saberlo, el 90% de los lectores (y el 100% de los redactores) de la RBBE habrán recurrido en alguna ocasión. Gracias a los donativos que del mundo entero llenaron a rebosar las arcas del Cártel, Fernando y sus primos, a diferencia de los poco cultos pero muy abnegados trabajadores de la primera generación de los Rodríguez Orejuela, pudieron gozar de la educación privada en las mejores escuelas useñas y también de los mejores muslos de la alta sociedad yanqui, pero la cabra tira al monte -que hay que ser burro, más que cabra- y todos ellos se empeñaron en echar una mano en el negocio familiar, unos con más suerte que otros. Concretamente, todos con menos suerte que nuestro Fernando, que ha visto como mientras él se libraba en pocos años de la cárcel, su padre, su tío y sus primos cumplen todavía condena, y lo que les queda, en cárceles de los Estados Unidos, los pobres. Y una vez fuera, el bueno de Fernando descubrió su vena artística, literaria más concretamente, y se decidió a vomitar negro sobre blanco la desazón e inquietud que atormentaban su ser. Vamos, que se lió la manta a la cabeza y publicó, a mediados de 2007, un volumen que rápidamente se convirtió en bestseller en las Comunidades Autónomas de Ultramar de Méjico, Colombia y Argentina, bajo el título de «El hijo del ajedrecista», que si hubiera sido publicado aquí sería pasto diario de Aquí Hay Tomate o, peor todavía, inspiración para un reportaje de investigación de El Mundo TV, por la cantidad de revelaciones más o menos contrastadas que contiene respecto la relación entre el mundo del hampa y la droga, las putas y los famosos de la farándula, la política y el deporte. Y ahí queríamos llegar nosotros, a lo del deporte.
Cliqueen en «seguir leyendo» y sorpréndanse con qué conocido nombre del deporte está relacionado el mayor cártel de la droga que el mundo ha conocido.
«El idioma español es el más blasfematorio del mundo. La blasfemia española asume fácilmente la forma de un largo discurso en el que tremendas obscenidades, relacionadas principalmente con Dios, Cristo, el Espíritu Santo, la Virgen y los Santos Apóstoles, sin olvidar al Papa, pueden encadenarse y formar frases escatológicas e impresionantes. La blasfemia es un arte español.» Y no lo decimos nosotros, ojo, que lo dijo Buñuel, que de esto de blasfemar sabía un rato. Pero Sergio Leonel Agüero, español de ultramar, ha ido varios pueblos más allá, y ya no por el idioma ni el lenguaje utilizado, que puede pasar al ojo no avisado con corrección exquisita, sino por el atrevimiento de lo que dice y, lo que es mucho peor, de lo que hace. Atención: en el breve lapso de una semana no sólo osa compararse con Messi diciendo sin rubor que «Messi y yo somos igual de buenos» sino que nos llegan rumores insistentes desde la Comunidad Autónoma Argentina sobre un tórrido romance entre el jodido blasfemo y Gianina, la hija de Dios.