Londres, 23.11.07; Croacia es la polla que trepana: Nos llega, con un poco de retraso (concretamente, tres meses de retraso) un télex de nuestro enviado especial en Croacia que nos pone sobre aviso del que es, hoy por hoy, el auténtico héroe nacional croata. No es ningún general de las guerras de los Balcanes, ni tan siquiera Eduardo da Silva ni ninguno de los Vatreni que apearon en Wembley a la selección inglesa de la Eurocopa de este verano, sino el cantante inglés que interpretó el himno nacional croata en tan infausto dÃa para los pross. Tony Henry, que asà se llama el andoba, se confundió al cantar el himno y lo que tenÃa que haber sido un «Mila kuda si planina» acabó convertido en un «Mila kura si planina». O sea: que de «tú ya sabes, querida, cuánto nos gustan nuestras montañas» se pasó a «querida, mi cipote es como una montaña», para sorpresa inicial y posterior descojone de los jugadores croatas. Los segurolas de turno apuntaron que esto fue lo que destensó a los Vatreni ante el crucial enfrentamiento y permitió que ofrecieran su mejor rendimiento. El pueblo croata, lejos de hacerse el ofendido por un quÃtame allá este fonema, se lo ha tomado tan bien que le han propuesto a Henry que sea su mascota en la Euro’08, con la esperanza de mantener la racha victoriosa. Qué envidia no tener letra en el himno.
Actualización de las 21:42 21:56: en el interior de esta entrada, un par de tres breves más.
No sabemos si por las manifestaciones de Dios, por las presiones que esta casa sigue ejerciendo, o simplemente por sentido común, pero España sigue sin reconocer la independencia de ese pozo del tÃo Raimundo en que se ha convertido, de medio siglo a esta parte, ese trocito de Serbia llamado Kósovo, palabra esdrújula con acento por supuesto. El pedazo más pobre, agreste e incomunicado, sÃ, pero donde comenzó todo. Donde un grupo de eslavos tomó conciencia de su superioridad respecto a sus vecinos y creó un pequeño reino que logró quitarse de encima a todo un Imperio Bizantino, por entonces una especie de Real Madrid postgaláctico, con todo el brillo de sus estrellas pero con las prestaciones del equipo de López Caro. Donde se gestó una raza deportiva capaz de aunar en cualquier deporte el talento puro con la pillerÃa y la marrullerÃa, el sueño de todo pueblo soberano. Donde, pese a la inferioridad manifiesta, plantaron cara a todo un Imperio Otomano, que el Diablo lleve, por entonces un rodillo que asolaba no sólo su negociado asiático, si no también el este de Europa cuál Dynamo de Kiev de Belanov, Zavarov y Mikhailichenko, perdiendo la finalÃsima del Campo de los Mirlos pero honrosamente, de manera que consiguieron que Lobanovski tuviera que levantarse del banquillo, muriendo acto seguido por el subidón de vodka al cerebro. Muerte, la del sultán, que retrasó el que parecÃa imparable avance sarraceno por Europa unas décadas más, de manera que Viena pudo defenderse con éxito y salvarse de la barbarie, que serÃa ajusticiada de nuevo poco más tarde por España y el cristianismo entero reunido en Lepanto.
Es muy común comparar a Dios con un gitano. Que si comparar a la Velvet con los Strokes es comparar a Dios con un gitano, que si comparar a los Beatles con Oasis es comparar a Dios con un gitano. Conocemos el asunto. Lo que nadie preveÃa es que algún dÃa los Ãbamos a ver juntos. Ahà están, hale, comparen.
Diego Armando y Kusturica
Pasando por alto lo del caballero de otra etnia, hay que señalar que lo sucedido en esta imagen es probablemente el acontecimiento más importante en lo que llevamos de siglo. En primer lugar, porque la foto data de hace diez dÃas de este año bisiesto en Madrid. La capital de España no sólo es la ciudad más emblemática de nuestra Patria, faro y guÃa de Occidente, puntal de la civilización, estandarte del Dios verdadero y bandera del buen comer, hasta reventar, y el buen beber, hasta potar, Madrid es también un lugar donde la gente habla bien. Lo hacen en castellano, perfectamente comprensible, como deberÃa hacer todo el mundo. Es un idioma donde la p con la a es pa. Ni pei ni pua ni po. Pa, lo que pone, hostias. Se habla como se escribe. Es un idioma honesto. Tu escuchas a un sucio francés leer en su lengua y eso no se parece ni por los cojones a lo que está escrito. En fin, Madrid también es la sede central de la RBBE, y como tal contagia el espÃritu de la lÃnea editorial pese a contar con sedes en territorios traidores con corresponsales sediciosos al frente. Asimismo, también es una ciudad en cuyo monumento a los caÃdos por la Patria se reunen habitualmente homosexuales en busca de sexo con desconocidos. Véase tamaño monumento a la camaraderÃa, un cofre con restos de muertos en todas las guerras, una llama perenne, y grupitos de varones comiéndose las pollas entre los setos. Madrid es Madrid, y en Madrid sucedió esto.
Era el concierto de No Smoking Band. Y de repente, nada, macho, que sale al escenario ni más ni menos que Diego Armando Maradona Franco, «Dios», se canta una canción y pega un grito al final de la misma: ¡Viva Serbia!
Yo no sé si los lectores tendrán la audacia de cuando ven una colilla deducir: aquà han fumado. Pero es que esto ya no es que lo digamos nosotros, es que lo acaba de decir Dios. El mismÃsimo Creador del Universo ama a Serbia y ha venido aquà a Madrid a dejarlo claro.
Señores, qué más se puede añadir.
El Estrella Roja 2007/2008 viaja a la estela del reverdecido lÃder Partizan, comandado por el gran Djukić, teniendo ahÃ, entre medias, cual mosca cojonera, al Vojvodina, invitado de piedra al museÃstico y todos-los-años-lo-mismo duelo entre los dos grandes del depauperado fútbol serbio. Porque extraño será que esta microliga compuesta de diez equipos superpoblada de (night) clubs de la capital (en Belgrado hay hasta un Hadjuk, que por lo demás, no tentemos al demonio, nada tiene que ver con el de Split) no se la acabe llevando, oh sorpresa, el tiburón de siempre: el Estrella Roja. Como aparente residuo de la época de la gloriosa federación (a efectos deportivos lo fue, ¿alguien lo duda?), las cuotas de poder y, consecuentemente, de éxitos deportivos se siguen repartiendo entre amigos: el fútbol para el Estrella, el baloncesto para el Partizan (los curiosos, escépticos y licenciados en EstadÃstica pueden consultar los resultados por ahÃ, que aquà no los vamos a poner) de una manera tan abrumadora que parece un chiste. Por eso, uno sonrÃe leyendo la prensa deportiva local (que es lo mismo que nacional, casi, pues con la Vojvodina de nuevo movilizada con el viejo asunto de la secesión y con el final countdown para que Kosovo sea república terrorista musulmana independiente: de los repectivos lÃderes de los 3 partidos favoritos para ganar las inminentes elecciones, 2 proceden del movimiento terrorista albanés, las fronteras de Serbia van a acabar coincidiendo con los confines de la Ciudad Blanca, que no otra cosa significa Belgrado en serbio), decÃamos que uno sonrÃe leyendo la prensa local/nacional con ese contrabando ilÃcito de ilusiones que genera de manera tan procaz y torticera (pareado indeseado: perdonen las disculpas).
Alguien comentaba el otro dÃa un planteamiento curioso para revitalizar el fútbol de selecciones, que hiberna de manera perpetua para despertar únicamente el mes de junio de cada dos años. Todo serÃa igual que ahora, excepto que tras la consecución de la Copa del Mundo de la FIFA por una selección, ésta pondrÃa el tÃtulo en juego cada vez que disputase un partido, oficial o amistoso, bastándole con el empate para retenerlo. RBBE, reacia a fuer de monárquica a la introducción de novedades en el fútbol, lo rechazó en un principio, pero tras cinco arduos minutos de investigación, llegamos a la conclusión de que no serÃa una mala idea, pues nos permitirÃa vivir un par de finales al mes sin devaluar el valor de los mundiales conquistados, tan sólo se verÃan obligados a entregar la copa al paÃs que les derrotara. Bueno, y también porque el actual campeón del mundo serÃa un paÃs amigo de esta casa, pero sobre todo para que algún dÃa pudiésemos ver ese precioso trofeo en La Zarzuela flanqueado por el Jefe del Estado a su derecha y RodrÃguez Zapatero a su izquierda.
La Vojvodina es un clásico del deporte serbio, heredero directo de lo que fue la santÃsima Yugoslavia. En Novi Sad, a cuarenta minutos al norte de Belgrado en coche, la Vojvodina tiene unas instalaciones modélicas para la modestia de la ciudad.
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Cuando un jugador va a ejecutar una pena máxima, hay un gesto universal que delata su incontinencia intestinal súbita: el resoplido. Mofletes inflados y cejas caÃdas son sinónimo de fallar el penalti. Esta circunstancia se suele dar en Mudiales, semifinales de Champions y partidos clave en general. Véase a Riquelme contra el Arsenal o Esnaider frente al Ajax.