Breve historia de la venganza
Cada vez soy más partidario de utilizar la violencia. Pero no sé dar un puñetazo, ni hacer un osoto-gari. Ni siquiera sé dar un sopapo gitano con la mano abierta, de esos que revientan el tímpano como quien no quiere la cosa, así, pum, tímpano roto. Como un antiguo rótulo de neón se aparece ante mis ojos, brillando en mitad de la noche, la palabra sicario. La veo puesta en un edificio con escaleras de emergencia como las que salen en los callejones de las películas americanas. S-i-c-a-r-i-o-s. Neón rosa. Qué bonito. Es una noche lluviosa. Sicario. Sicario. Sicario. El neón parpadea.
Mandar sicarios, sí, para romper piernas, para dar palizas. No habrá paz para los malvados. Venganza, sí. Enviar sicarios, ¿unos búlgaros? ¿unos rumanos? ¿unos nobles ciudadanos albano-kosovares? No, mi venganza va más allá. Sicarios enanos. Enanos acondroplásicos. Sicarios enanos entrenados, letales. Gente enana muy jodida por la vida, muy jodida por cuestiones genéticas, que proyecta su frustración con la forma de una agresividad muy profesional y muy medida. A cuentagotas letales. Putos enanos, sin más.
Muy bien, envías sicarios búlgaros, rumanos o nobles ciudadanos albano-kosovares, ¿y qué? La afrenta queda saldada físicamente, pero, ¿qué hay de la parte mental? Te hicieron mucho daño, el suficiente para vengarte con sicarios y vas y olvidas el 50% del asunto al dejarte llevar por la inercia de la hostia limpia, al dejarte llevar por la urgencia de las emociones vengativas que piden venganza muy rápido.
Muy bien, el que te hizo daño se lleva la paliza, ¿y qué? Siempre tendrá excusas, siempre nos engañamos, siempre nos autojustificamos. “Eran tres y yo uno solo”, pensará. “Me pillaron por sorpresa”, pensará. “Estaban armados y yo tenía las manos desnudas”, pensará. Siempre nos engañamos, siempre nos autojustificamos.
Muy bien, el que te hizo daño se lleva la paliza, ¿y qué? Su labio no, su ceja no, su nariz no, sus costillas no, sus rodillas no, pero su orgullo queda intacto. El mismo orgullo asociado a la misma situación de poder desde la que te hizo daño. Orgullo intacto, “Eran tres y yo uno solo”, pensará.
Pero, ay, ahí van los sicarios enanos. Tipos de 1’30 como mucho, la mayoría menos. Hasta hay uno de 1’10. Sicarios enanos que te rodean con sus caras de enanos, con una cabeza descompensada y extremidades cortas. Enanos que asociamos al circo, a los espectáculos raros con cabras, cobran de pronto aquí un significado diferente.
Ahí van los sicarios enanos que te rodean. Ya no valen engaños, ya no valen justificaciones. Tu labio no, tu ceja no, tu nariz no, tus costillas no, tus rodillas no, pero tu orgullo TAMPOCO queda intacto. ¿Qué vas a pensar ahora por el amor de Dios? Les sacas una cabeza y parte del tronco, por el amor de Dios. ¿Qué dices ahora? ¿te pillaron por sorpresa? ¿estaban armados? ERAN ENANOS, JODER.
Ahí van los sicarios enanos. Esto no queda aquí. Mandar siete enanos. Que esta situación límite remita a Blancanieves. Siete enanos sicarios con sus bracitos. Siete enanos que te muelen a palos mientras te destrozan el ay-ho, ay-ho de tu infancia. ¿Al campo a trabajar? TE ESTÁN REVENTANDO, HIJO DE PUTA.
Sí, claro, ve a denunciar, ve a comisaría. “Puede describir a los agresores?”. Venga, describe, hijo de puta, describe. “Puede describir a los agresores”. Venga, describe, te estoy esperando. “¿Los vio, puede describirlos, cuántos eran?”. Vamos describe, el señor policía está esperando y tiene otras cosas que hacer. Describe, vamos. “Pues… eran… creo que tres… sí… con pinta de extranjeros y…”. ¡Ja! Con pinta de extranjeros, me parto. ERAN ENANOS, HIJO DE PUTA, SIETE ENANOS. Pero claro, cómo vas a contar eso de que te han dado una paliza pequeños elfitos, ¿verdad? Oh, me han hostiado siete hobbits, inspector. Así que tres y extranjeros. Sigue describiendo, hijo de puta, que el policía no tiene todo el día. “¿Algún rasgo más, algo qué?”. “Pues no sé, agente, me dieron en la cabeza creo que con una porra o un bate y… me pillaron por sorpresa?” Así que por sorpresa, JAJAJJAJA, me parto. Anda, sal de ahí, cabrón, y vete a tu casa ya, vete a tu casa ya.
¿Ves? ¿Ves lo que pasa? ¿Dónde están ahora tus costillitas? ¿Dónde tu naricita? ¿Dónde tu orgullo? ¿Ves lo que pasa? ¿Ves lo que pasa? Mírame. No olvides esto. Mírame a los ojos. No olvides esto. Mírame. Mírame. Mírame. Mírame. Mírame, venga, mírame. MÍRAME AHORA A LOS OJOS, HIJO DE PUTA. MÍRAME A LOS OJOS, CABRONAZO. ESTO ES LO QUE HAY. Esto es lo que hay. Esto es lo que hay. Esto es lo que hay.
Suggested Webpage on 16 Ene 2022 at 11:57 pm
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