La pasión de Juana de Arco

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Ya sé que los más puristas y ortodoxos cinéfilos de los que lean La página definitiva se pueden llevar las manos a la cabeza cuando vean tan insigne título en esta sección. Pero, ¿cómo?¿ Carl Theodor Dreyer, el gran director danés, puesto a parir por esta pandilla de irreverentes mentecatos? Dios mío si Garci leyera esto… Por fortuna para nosotros Garci no tiene tan buen gusto y pierde su maravilloso tiempo en clases de inglés para cuando tenga que recoger su próximo oscar por su enésima adaptación de una historia de algún escritor de finales del siglo XIX, muy pasado de moda, si puede ser, que tiene más mérito; o bien ligando con alguna de las aspirantes a estrella a la que luego le montará un programilla de cine parecido al suyo pero que se emita otro día de la semana.

La pasión de Juana de Arco, para los que no lo sepan, es un filme mudo de 1928 dirigido por el citado director danés y que aparece en cualquier manual de estética del cine o en cualquier historia del cine en el apartado de cine mudo europeo. Como es notorio, narra las desventuras de la virginal heroína francesa que murió en la hoguera por bruja a manos de la Iglesia, ya saben uno de esos errorcillos por los que luego pide perdón el Papa Wojtyla y aquí no ha pasado nada, y de hecho se centra en exclusiva en el presidio y juicio a manos de los intolerantes ministros de la Iglesia. Bueno la grandeza del filme según todos los manuales de cine se basa en sus maravillosos primeros planos, ¡oh! ¡gran mérito! ¡primeros planos! El único problemilla es que cualquier ritmo que pudiera derivarse de esta utilización de los primeros planos queda totalmente destruido por la inserción de los abundantes y profusos intertítulos (¿recuerdan? Era muda), de forma que el ritmo derivado de la combinación de estos (¡oh!) primeros planos y los intertítulos da lugar a una cosa como bastante patatera. Por no mencionar la maravillosa interpretación de Marie Falconetti en el papel de Juana de Arco, conocida en los citados manuales por aparecer en la película sin maquillaje alguno, acentuando así la dureza de sus rasgos y el sufrimiento que emanaba el personaje. Nuestra opinión es muy distinta, cuando la vio el director decidió que no era necesario maquillarla, porque tampoco se podía hacer gran cosa con la chiquilla…

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