Las
aventuras de Puttman en Europa
La
serie que hizo historia en los puestos de gasolinera de medio mundo
Quizás
ustedes no hayan tenido ocasión de tropezar nunca con alguna
de las excelentes películas de la serie de Puttman. Mi educación
religiosa garantizaba, sin embargo, que tarde o temprano este mítico
momento tenía que llegar. Puttman es un fotógrafo
profesional que viaja por el mundo en busca de bellas historias
de amor, acompañado de sementales de toda índole que
le ayudan a conformar y modelar convenientemente la narración,
es decir, que se hacen a todas las chorbas mientras Puttman mira
alucinado.
La
película que ponemos aquí es la primera de la serie
y, sin duda, la mejor de todas, por la calidad de la puesta en escena,
la riqueza de matices de la trama y, sobre todo, la aparición
estelar de un Rocco Sifredi en sus comienzos que, naturalmente,
ya daba la medida de sus posibilidades. Una escena detrás
de otra, con mayor calidad de lo acostumbrado, y el pobre Puttman
grabando. El espectador siente cierta compasión por el personaje
de Puttman, rodeado de bellas ninfas a las que no se atreve ni acercarse.
El único momento en el que hay una ruptura de la narración
resulta bastante triste, a decir verdad: Puttman hace acopio de
valor y dirige sus pasos hacia una fémina que, en principio,
lo acoge con receptividad. Lamentablemente, Puttman no envió
a su miembro a luchar contra los elementos; menguado empieza y más
menguado todavía se retira, en una escena récord de
velocidad, visto y no visto. Puttman musita algo así como
"las francesas, ya se sabe" y vuelve a su retiro de voyeur,
al igual que los espectadores, reconfortados al saber que siempre,
en algún lugar, habrá un Puttman que nos supere en
negativo, por necios que seamos en el tema.
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