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Que no soy monárquico es algo que no es ningún secreto para cualquiera que siga este blog. De hecho, más allá de criticar el anacronismo de la institución (la segunda restauración borbónica es una operación política sin precedentes en el mundo civilizado) y de considerar que ya está bien y que habría de acabar con ella ya, sin esperar demasiado, del mismo modo que un clima de corrupción y desenfreno similar al actual liquidó nuestra primera restauración, también me gusta resaltar que la razón esencial por la que hemos de librarnos de la Monarquía tiene que ver con principios, sí, pero también con el carácter tóxico de una institución que contamina todo lo que toca por su intrínseca irresponsabilidad y, por ello, su inevitable tendencia al descontrol. Con el agravante de que crea un clima que generaliza ciertos modos de proceder, que poco a poco se extienden como una marea de chapapote a todos los niveles sociales. No hace falta incidir demasiado en este tema porque, sinceramente, basta con echar un vistazo a la situación de España para entender de qué estamos hablando.
Que cierto establishment político, social y económico apoye con entusiasmo a esa institución ya zombie desde mismo momento en que se decide en pleno siglo XX, algo sin precedentes en el mundo civilizado, una restauración monárquica no es soprendente. Son capas de la población que sustancialmente aspiran a repetir esos esquemas, aunque sea a pequeña escala y que, de hecho, llevan viviendo así desde hace décadas. Es más, llevan décadas no viviendo así sino viviendo de eso. Por eso en España leemos y escuchamos a mucha gente, siempre con un mismo tono y siempre con semejante posición en nuestra sociedad, defender a la Monarquía borbónica española. Así ha sido siempre y así sigue siendo todavía. Aunque a estas alturas estas defensas empiezan, cada vez más, a sonar a prueba adicional de la brutal desconexión entre ciertas elites (extractivas o sencillamente carotas e ignorantes) y la gente normal, que asistimos con una mezcla de estupefacción, vergüenza y un punto de diversión al espectáculo tragicómico proporcionado por las simas de putrefacción que el sistema nos demuestra en cuanto se levanta un poco la alfombra.
La novedad llamativa de los últimos días es que se empieza a hablar de los negocios del Rey de modo crecientemente abierto y detallado. Cada vez más. Lo hace gente como Jesús Cacho desde hace tiempo. Lo hace Ignacio Escolar en un medio como eldiario.es. La claridad con la que empiezan a aflorar evidencias irrefutables sobre cierta connivencia económica del Jefe del Estado con grandes empresarios españoles y los réditos que ambas partes obtienen de esas interacciones comienza a ser apabullante. De modo que lo que eran sospechas a partir de ir atando cabos que más o menos todos los ciudadanos podíamos tener desde hace años empiezan a cristalizar en convicciones, al menos, personales muy difíciles de poner en duda.
Pero, junto a estas novedades, otra más inquietante ha aparecido en los últimos tiempos. La de periodistas y tertulianos del peculiar star-system español que pulula desde Franco por ese espacio intermedio entre política y medios de comunicación, que llevan años cantando las bondades del sistema, que representan habitualmente de modo tácito las posiciones de PP y PSOE con lealtad militante, y que siguen defendiendo al Rey pero que lo hacen no negando que esas actividades como comisionista existan sino, antes al contrario, confirmándolas y justificándolas. La idea es algo así como que si el Rey hace gestiones para que empresas españolas puedan conseguir contratos en el extranjero es normal que se lleve una parte, pues a fin de cuentas eso le incentiva y recompensa (además del estímulo que supone el amor a la patria, que intuyo que se le supone pero que, por lo visto, no basta ni siquiera en su vertiente de amor a las empresas de la patria para que el hombre lo dé todo en el terreno de juego de los maletines) para que siga logrando mediar en beneficio de nuestras ejemplares empresas. Esta misma noche, por ejemplo, gente como María Antonia Iglesias, Isabel San Sebastián o Hermann Terstch se manifestaban en posiciones de esta índole en un debate en Tele 5, sin ir más lejos. La situación es ciertamente notable, que diría Mariano Rajoy. ¡Hasta ahora cuando un periodista hablaba de eso, como Escolar o Cacho, era para criticarlo pero ahora ya se comenta como ejemplo adicional de lo bien que curra el Borbón y lo barato que nos sale!
Conviene no perder de vista que mediar ante gobiernos extranjeros para beneficiar a empresas al margen de que presenten la mejor oferta, y más todavía si se tiene éxito en la gestión, es una actividad en general prohibida (en España, por ejemplo, lo estaría), máxime si media dinero y el funcionario que decide en un determinado sentido es recompensado también. La indecencia de la actividad a casi nadie se le escapa. Pero que encima lo realice el Jefe del Estado, y aprovechando la autoridad y los contactos que ello le confiere, es particularmente grave. O no. A saber. Piesen Ustedes en lo que nos parece a todos eso que hacía Urdangarin. Pero bueno, no nos pongamos todos. Será que esto es diferente allende nuestras fronteras. Si la regla es que en el extranjero se puede hacer (como digo, esto en España, en cambio, sería delictivo, por mucho que al Rey no se le pudiera juzgar por hacerlo) y es incluso bueno para España, nuestras empresas, nuestras economía y los trabajadores que así pueden albergar esperanzas en la recuperación, adelante con los faroles, ¿no?
Eso sí, en ese caso, y sin ánimo de incordiar sino, antes al contrario, de ser constructivo, habría que pedir a Presidente del Gobierno, Ministros y altos funcionarios de nuestra Administración pública que pasen el platillo también. A fin de cuentas, si son debidamente incentivados ellos también podrán «ayudar» a nuestras empresas en el extranjero. Y si el Rey consideramos que es cojonudo que pueda hacer algo así, también lo será si eso mismo lo hace el Gobierno, digo yo. Es más, mucho mejor tener a más gente arrimando el hombro, caramba. ¡Que ya está bien de que aquí sólo curre para sacarnos de la crisis el Rey!
En todo caso, sea verdad o no que nuestro querido Borbón se saca un importante sobresueldo como comisionista, que la verdad es que a estas alturas parece complicado no sospechar que así es, lo impresionante es que ya hayamos llegado a un punto en que nuestros prescriptores de certificados de corrección democrática y política oficiales de las ultimas décadas nos están diciendo que eso es normal e incluso bueno. Una muestra más de lo buena que es la Monarquía para España. Así están las cosas. Así de tóxicas. Que siga el espectáculo.
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Por cierto, que no me resisto a repetir, como colofón, que por Hendaya o por Cartagena, su Majestad escoja.
4 comentarios en ¿Un Rey comisionista? A vueltas con la toxicidad de la institución
Comentarios cerrados para esta entrada.
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En La Red desde septiembre de 2006
Leyendo tu comentario se me ha venido que la justificación de la Monarquía es parecida a la religión. A medida que la Ilustración en sentido amplio va orillando la religión, ésta va buscando excusas que un poco antes serían una locura. Darwin ya no es un puto hereje sino que ha sido aceptado siempre que no nos toque las narices con la mutación no alma del antecesor del ser humano al alma. ¿Qué es el alma? nadie lo sabe. Galileo ya ha sido metabolizado. Si parece que Teilhard de Chardin es un carca.
Con la Monarquía parece pasar un poco lo mismo. Cuanto más racional más demenciales son las justificaciones. Y en eso andamos.
A tdo esto, te compadezco por ver el programa ese.
Un saludo,
Borja
Comentario escrito por Borja — 24 de marzo de 2013 a las 2:13 am
Solamente esta frase de la Barragana Oficial de la Familia Borbón, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, merece por méritos propios, ingresar en la historia nacional de la infamia…
«El trabajo que he realizado para el Gobierno español, cuando se me ha pedido, ha sido siempre delicado y confidencial. Son asuntos clasificados, situaciones puntuales que yo he ayudado a solucionar por el bien del país».
Y por el de mi bolsillo, faltaba añadir. Ojito que lo que opina la brunete mediática (Iglesias, San Sebastian, Terstch) se lo he oído yo decir a muchos colegas y amigos.
Vivimos en el país del porcentaje, de la comisión, del trinque, del arreglillo…a ver si implotamos de una puta vez, nos rellenan con porland y hormigón y se queda un parking divino para todos los magrebíes que esperan su turno para cruzar el estrecho en ferry…
Comentario escrito por Garganta Profunda — 24 de marzo de 2013 a las 8:17 am
En el diario de Ignacio Escolar también se mencionan algunas cosillas referentes al amor de la casa borbona por la patria y por el arte:
http://www.eldiario.es/Kafka/Omerta-Real_0_113738854.html
Todo un ejemplo.
Comentario escrito por ieau — 24 de marzo de 2013 a las 3:27 pm
Cabe recordar la polémica creada en torno al libro que Pilar Urbano publicó hace unos años, «La reina muy de cerca». En este libro Sofía de Grecia mostraba abiertamente su ideología expresando su opinión personal sobre cuestiones políticas, como por ejemplo su rechazo al matrimonio homosexual aprobado por el Gobierno de Zapatero.
La Constitución define la Corona como un símbolo de la unidad del Estado. Teniendo en cuenta que los inquilinos de la Zarzuela, a pesar de no ser elegidos democráticamente, son un símbolo de unidad, ¿tienen derecho entonces a expresar públicamente una opinión que no es compartida por todos los ciudadanos a los que supuestamente representan? Pilar Urbano sostenía que, según la Constitución, la reina, como consorte del rey, no ejerce ninguna función constitucional y, por consiguiente, tenía el derecho a expresar librementes sus opiniones como cualquier ciudadano. ¿Entonces la ciudadana Sofía de Grecia no forma parte de la Corona? ¿No representa a nadie más que a sí misma? ¿Puede aprovecharse de su condición de esposa del jefe del Estado para influir políticamente?
Comentario escrito por Guerau — 24 de marzo de 2013 a las 7:30 pm