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Como la vida del profesor universitario no siempre es fácil (no se rían, por favor) no había tenido hasta hoy un rato para mirarme con calma el Decreto-ley 3/2012, de medidas urgentes de reforma del mercado laboral, que publicó el BOE del pasado sábado 11 de febrero (llevamos una colección de BOEs emocionantes, sábado tras sábado, que pá qué). A estas alturas está todo prácticamente dicho sobre la reforma. Y mucho mejor de lo que podría hacerlo yo, que no soy un especialista en esto. Sin embargo, ayuno de anális por parte del maravilloso y temporalmente en pausa blog Tiempos Interesantes me voy a lanzar a la piscina comentando cosas que están y, también, alguna que creo que falta. Trataré de ser breve, dentro de lo que cabe.
El elemento que más se ha destacado de la reforma se refiere a los cambios en las condiciones de despido de los contratos. Aunque la lectura de las disposiciones normativas pueda ser complicada, lo cierto es que los medios de comunicación ya han resumido a grandes rasgos los cambios. A partir de ahora la indemnización por despido será mucho menor (aunque los que tienen contratos en vigor conservan sus indemnizaciones según el modelo de protección anterior por los años trabajados hasta la entrada en vigor de la ley, con lo que el Gobierno se evita líos de constitucionalidad por el siempre peliagudo tema de la retroactividad en estos casos) y además las empresas pueden rebajarla todavía más gracias a la generalización de la vía de despido por causas objetivas, con una indemnización de solo 20 días por año trabajado y a la que se puede acudir cuando la empresa tenga pérdidas, o pierda ingresos durante unos meses, o acometa una reordenación del tiempo de trabajo o geográfica que el trabajador no esté dispuesto a satisfacer…
La reforma en estos términos ya sería de por sí importante, pues resulta evidente que a partir de ahora, y en contra de lo que ha sido habitual en España, la forma más común de despido de trabajadores fijos no será el despido improcedente (que permitía un despido libre pero caro) sino el empleo del despido por causas objetivas (que supone como máximo, para trabajadores con casi 20 años de antigüedad en adelante, el pago de una anualidad íntegra de salario y ya está). Estas causas no sólo son más fáciles de alegar y probar sino que el legislador ha tratado de objetivarlas hasta cierto punto, lo que puede parecer arbitrario pero genera mucha seguridad jurídica. Este factor está llamado a suponer muchos cambios en la estructura laboral de nuestro país. Ya no está claro, por ejemplo, que los ajustes de plantilla se vayan a hacer siempre y necesariamente presciendiendo de trabajadores temporales y de otros colectivos precarios. Si son mucho más productivos que los fijos ahora pueden aspirar a que el ajuste no pase por ellos. E incluso a devenir fijos con un contrato menos generoso que antaño pero más estable que las condiciones de inestabilidad ahora habituales. Pero además de este aspecto, la ley reforma sustancialmente la negociación colectiva. Por expresar de forma resumida cómo queda el tema lo más claro es señalar que la norma la liquida sin contemplaciones.
La negociación colectiva es muy importante en el Derecho laboral clásico que, confieso, es el Derecho laboral en el que yo me he educado y reconozco. La teoría dice que dadas las muy desiguales condiciones entre trabajadores y empresarios el desequilibrio en favor de estos últimos provoca, sin la intervención externa, que el libre juego de cruce de voluntades propio del Derecho privado genere resultados lesivos para el trabajador e injustos (un marxista añadiría aquí que de resultas de ello los empresarios, en ausencia de contrapesos, pueden apropiarse injustamente de gran parte de la plusvalía que genera el trabajo de sus empleados, sin que ésta se reparta equitativamente). Por ello la norma introduce correctivos obligatorios (derechos laborales, como la fijación de las condiciones de despido que veíamos antes) que se han de respetar necesariamente pero, además, establece mecanismos de negociación colectiva que hacen que la concreción de las condiciones de trabajo dentro del marco fijado por la ley (por ejemplo, para determinar el sueldo) no dependa sólo del trabajador concreto que ha de aceptar la retribución que se le ofrece o no sino de una negociación «colectiva» donde los representantes de los trabajadores en distintos niveles (empresa, provincia, sector…) pactan condiciones de mínimos para todos los empleados en esos niveles. Si a mí me quiere contratar una empresa habrá de ofrecerme unas condiciones que respeten o mejoren lo fijado en el convenio de la empresa, que a su vez habrá de respetar o mejorar lo fijado en el convenio provincial del sector, que a su vez habrá de respetar o mejorar lo fijado en el convenio nacional. Obviamente, con estas cautelas el trabajador está mucho más protegido, pues la presión del paro y de la competencia no afecta en entornos de precariedad a la negociación sobre sus condiciones de trabajo, que no podrán bajar de un mínimo. Le contratarán por sus competencias y capacidad y no habrá de temer que aparezca otra persona que se lleve el contrato siendo peor porque acepta condiciones durísimas y una muy baja retribución. También es inevitable que este modelo de negociación introduzca ciertas rigideces: las empresas menos competitivas no pueden en ese contexto regulatorio competir con condiciones y salarios por debajo de las condiciones del convenio y acaban condenadas si no son eficientes en otros factores. Lo que pasa es que es más que dudoso que eso sea, o al menos así lo veo yo, una mala noticia.
Bien, la reforma laboral, como es sabido, ataca la negociación colectiva por dos vías: de una parte restringe mucho la ultraactividad de los convenios (antes, en ausencia de nuevo convenio cuando expiraba el que estaba en vigor, éste quedaba prorrogado y eso era un enorme acicate para que la nueva negociación hubiera de mejorar condiciones, pues rebajarlas era complicadísimo cuando en ausencia de acuerdo los sindicatos y trabajadores podían seguir disfrutando de las condiciones pactadas en el pasado); de otra amplía las posibilidades de «descuelgue» sectorial y empresarial (esto es, los casos en los que una empresa puede desmarcarse del convenio en vigor para la negociación en el seno de esa concreta empresa) al justificaros por cuestiones organizativas y de productividad. La combinación de estas dos medidas liquida la función de los convenios colectivos como mecanismos protectores del trabajador. Si al expirar el convenio éste deja de ser obligatorio para las empresas y pueden contratar con total libertad eso llevará a los sindicatos a perder gran parte de su poder negociador frente a convenios que se quieran reahacer a la baja. Si además el descuelgue es tan fácil, la clave acaba siendo la negociación empresa por empresa, donde el trabajador es habitualmente más débil.
Puesta en conexión esta parte de la reforma con la primera (facilidad del despido objetivo por cuestiones organizativas), empieza a atisbarse qué pretende y qué va a provocar la reforma laboral:
– bajada masiva de salarios allí donde las empresas tengan poder para imponerlos, pues los convenios expirarán y se sustituirán por otros a la baja (que los sindicatos habrán de aceptar so pena de quedar sin ninguna protección);
– sustitución de la fuerza laboral más consolidada por trabajadores jóvenes, con menos experiencia pero que a igual o menos formación son mucho más baratos (hay más competencia y las condiciones del mercado de trabajo actuales son más duras, con lo que las empresas han de ofrecer mucho menos).
En definitiva, poco a poco, pues estos efectos se notarán con el tiempo, el diseño estructural del mercado de trabajo variará y lo hará en el sentido de ir paulatinamente eliminando la dualidad actual (parte de los trabajadores son fijos y están muy protegidos, mientras que otra parte son temporales y apenas si lo están) a la vez que rebaja la carga salarial global tanto por la vía de ir rebajando el sueldo a los fijos que quedan como por la de irlos sustituyendo por otros más jóvenes y contratados dentro del nuevo marco.
La reforma que ha diseñado el Gobierno es, en definitiva, un instrumento que pretende cambiar el mercado laboral español para hacer ganar a las empresas españolas en competitividad por la vía de asemejarnos un poco más a una economía no desarrollada donde el gran factor de eficiencia empresarial sean unos salarios bajos y la especilización en actividades que sean intensivas en mano de obra. El resto de la reforma, la verdad, tiene además medidas adicionales en este sentido (en materia de subvenciones al empleo que bonifican a las empresas incluso con parte de la prestación del trabajador, en el nuevo realce al papel de las ETTs…) pero son mero acompañamiento. El aspecto clave, verdaderamente determinante, es el señalado. Y es el que acabará generando una transformación de calado y estructural.
¿Cómo es posible que una reforma de este tipo, tan dura, pase políticamente sin mayores problemas y no haya generado de inmediato un estallido social? La respuesta no está siendo demasiado contundente, en mi opinión, porque los afectados son los ya instalados y solo ellos. Dada la generalizada precarización de gran parte de los menores de 40 años, tanto en salarios como en posibilidades de estabilización, que se arrastra desde hace tiempos (culminada con reformas laborales como las del pasado gobierno, con medidas como la «barra libre de temporalidad» que convertía en legal la tradicional práctica ilegal de hacer a la gente encadenar trabajos temporales para cubrir necesidades estructurales de la empresa, que ahora vuelve a desaparecer para ser de nuevo, formalmente, algo prohibido), tenemos un mercado laboral que ha dinamitado gran parte de los lazos de solidaridad entre trabajadores. Los ya asentados, principales perjudicados por esta reforma, están recibiendo más o menos la misma solidaridad que ellos han ido ofertando en el pasado ante las sucesivas medidas que garantizaban para los jóvenes empleo precario y mal pagado a cambio de conservar su estatuto anterior: una solidaridad que se expresa de boquilla pero que va poco más allá de la enfática declaración de indignación. Años de precarización de una parte del mercado laboral, consentida en lugar de combatida, han acabado por extender la precarización a todos. Es, por lo demás, lo que suele ocurrir. Pero a los humanos pensar a largo plazo, como es sabido, nos cuesta.
De los tres vértices que van decantándose a partir de lo aquí analizado, creo que vale la pena señalar alguna idea alternativa a modo de conclusión:
– Sobre la bajada de las indemnizaciones por despido he de decir que, por sí sola, no me parece un tema grave en exceso. Obviamente, todo lo que es perder derechos y protección es una putada, pero en este tipo de cosas el contexto y la capacidad económica marcan hasta cierto punto lo que un país se puede permitir (y en España el coste de permitirnos indemnizaciones de estas cuantías blindadas generosamente desde los tiempos del Caudillo, cuando el contexto económico y de competencia era bien diferente, era tener a la mitad de la plantilla sin derechos para «compensar»). Basta ver los topes de los países europeos de nuestro entorno, socialmente más avanzados, para descubrir que las nuevas indemnizaciones están en la línea de Francia, Italia, Alemania… cuando no incluso un poco por encima todavía en el caso del despido improcedente (que está llamado, eso sí, a usarse mucho menos en el futuro). Que se acabe con estas indemnizaciones exageradas no me parece por ello tan grave como la desaparición efectiva de la capacidad de negociación colectiva que, de hecho, va a dejar vendidas a generaciones de trabajadores futuras durante mucho tiempo, con bajadas de salarios y empeoramiento de las condiciones de trabajo.
– La bajada de salarios tiene mucho que ver con la necesidad de superar la dualidad del mercado laboral español. Compartiendo plenamente la idea de que esa dualidad es mala creo, sinceramente, que hay mecanismos para combatirla mejores que destrozar la negociación colectiva para permitir, por la vía de rebajar las condiciones de unos (bajo amenaza de despido no muy caro, además), que se igualen las condiciones de unos y otros y la productividad se premie más (tanto la del trabajador como la colectiva) que ahora. Se aspira, de hecho, a que esta igualación incentivará a contratar a más jóvenes e incluso a hacerlos fijos, a no preferir siempre a los ya instalados y a no ajustar plantillas siempre con los temporales. Todos estos objetivos se consiguen de una manera más rápida, eficaz y justa por medio de un contrato único indefinido aplicable a todos los trabajadores (de ahora o de antes) con unas condiciones de despido que vayan aumentando con la antigüedad. Lo tienen aquí muy bien explicado, a mi juicio. Y además una medida de este tipo no requiere de liquidar la negociación colectiva para que empiece a dar efectos. Efectos, además, que empezarían a sentirse antes y dinamizarían más eficazmente el mercado laboral que la reforma actual. Estos factores me hacen preferir, de largo, una reforma en esa línea a la que se ha acabado haciendo (más allá del argumento, que me parece muy jurídico y formalista, de que hay que diferenciar tipos de despidos porque no es lo mismo una situación -despido improcedente- que otra -causas objetivas-, que obliga a una aplicación muy tortuosa, como sus propios defensores reconocen cuando se remiten al necesario control de los abusos de derecho para garantizar un buen funcionamiento).
Por último, y en lo que respecta a las Administraciones Públicas, ha sido ampliamente señalado y resaltado por mcuhos el hecho de que el Decreto-ley explicita y con ello facilita la aplicabilidad de las medidas de despido objetivo (y su indemnización de 20 días por año trabajado) a las Administraciones Públicas para su personal no funcionario. Es una medida muy importante, también, que va a facilitar mucho las reducciones de plantilla en organismos públicos que necesitan ser «redimensionados», que se dice ahora. No era estrictamente imprescindible la mención, probablemente, pero sin duda que exista deja dos cosas claras: que no hay duda alguna sobre su aplicabilidad y, además, que vamos a ver muchos casos donde se use la cláusula. Tienen muy bien explicadas sus implicaciones en el blog de Derecho público de Sevach, siempre muy recomendable.
24 comentarios en Algunas reflexiones sobre la reforma laboral y el contrato único
Comentarios cerrados para esta entrada.
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Hola Andres,
Muy buen articulo como siempre, pero yo creia que estabas en contra de las rebajas en el despido. Es más, en tu artículo sobre la última reforma laboral mencionabas como se intentaba que la situacion actual no se volviera a repetir (trabajadores
protegidos que tuvieran poder dentro de la empresa, con
posibilidades reales de decir y negociar sin miedo al despido…). Además, razonabas que si no había seguridad para el trabajador, todos los demas derechos eran papel mojado.
¿Que ha cambiado?
Comentario escrito por domingo — 24 de febrero de 2012 a las 10:42 pm
¿Algún comentario sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad del contrato único?.
Comentario escrito por josé luis — 25 de febrero de 2012 a las 10:04 am
Yo no tendría nada que objetar sobre la flexibilización de las condiciones laborales si se compensaran con políticas activas efectivas de creación de empleo y una política asistencial decente para los que no tienen trabajo.
Es muy interesante ir en la línea de Alemania o Francia. Pero lo sería más todavía tener la misma tasa de paro, o los mismos salarios y las mismas prestaciones sociales. Y en un país como el nuestro, con un paro que ya se dice que llegará al 25 % de la población activa, no creo que el principal problema sea que el despido sea demasiado caro.
Tampoco me gusta la indefensión en la que queda el asalariado. La empresa le puede variar de forma unilateral las condiciones laborales, sueldo incluído, para ello sólo necesita ejercitar un poco la contabilidad creativa; si el empleado cree lesionados sus derechos, puede optar por pasar la puerta con una indemnización mucho más reducida o ir a juicio, algo que puede tardar mucho tiempo en resolverse (años, si la empresa emplea tácticas dilatorias para retrasar el fallo y/o ganar por agotamiento), con un cierto coste para el afectado y que tendrá que ir cada día a trabajar a la empresa con la que tienen un contencioso.
Comentario escrito por Lluís — 25 de febrero de 2012 a las 7:52 pm
Por cierto (a mi entender) por lo que respecta a las Administraciones Públicas la falta de rigor técnico tanto del Real Decreto-Ley 3/2012 como el de ayer es clamoroso.
No sé ni como digerirlos con el cabreo y disgusto que producen.
Comentario escrito por josé luis — 25 de febrero de 2012 a las 8:09 pm
El de hoy, digo.
Comentario escrito por josé luis — 25 de febrero de 2012 a las 9:20 pm
Estoy de acuerdo con Lluís, si lo que criticabamos antes en la última reforma laboral era justamente el desequilibrio de poder que generaba entre empresario y trabajador, no podemos estar más de acuerdo con que esta incluso lo empeora.
Otra cosa, ¿que políticas de activas de creación de empleo estas pensando?
Comentario escrito por domingo — 26 de febrero de 2012 a las 2:30 am
El Mal, esto es, los de FEDEA, llevan bastante tiempo proponiendo el contrato único con indemnizaciones crecientes basándose en cosas arcanas y malignas como papers revisados por pares. Papers que incluyen cuentas, modélos matemáticos, números y esas cosas nefandas que no debe usar en una discusión un español de bien que se limitará a poner los cojones encima de la mesa y descalificar al contrario con un tunotienehnidea. De hecho ellos se quejaban de que en la negociación colectiva el estado tiene que tomar un papel activo para protejer los intereses de la sociedad en lugar de dejar que sindicatos y empresarios miren solo por sus intereses. En el caso de la dualidad de contratos, los sindicatos miran por mantener los privilegios de los sobreprotegidos a costa de los que quedan a la intemperie, y los empresarios considerean innegociable poder tener carne de cañón de la que prescindir rápidamente sin tener que invertir nada en mejorar el proceso productivo o formar a su masa laboral y en consecuencia preferir mantenerla a despedirla.
El tema de los convenios creo que es por una gráfica bastante desoladora en la que se veía como al empezar la crisis los salarios reales seguían creciendo en España a pesar de que la destrucción de empleo ya estaba desatada. Es decir, que dada la rigidez de la negociación, todo el ajuste se hace por la vía del empleo. Eso nos puede ayudar a hacer la devaluación interna que necesitamos para volver a ser competitivos, pero habrá que ver en el largo plazo como se comportan nuestros «creadores de riqueza» porque me temo que va a pasar exactamente todo lo que dice Andrés. En Alemania no crece el paro, pero lo hace a costa de mantener un volumen de empleos de mierda sonrojante. Lo cierto es que con cinco millones de parados y creciendo, no nos queda otra que bajarnos los pantalones y esperar que nos taladren el ojete de forma rápida. Aunque sobre este tema me queda una duda y gorda, si alguien está al tanto le agradeceré que lo comente: Por una parte se ha dicho que en los últimos años el poder adquisitivo de los trabajadores ha descendido. Pero simultáneamente nuestra competitividad bajaba por el aumento de los salarios. ¿Esto puede pasar simultáneamente porque los salarios crecían automaticamente siguiendo a la inflación? ¿eso genera más inflación y es la pescadilla que se muerde la cola? ¿o son artificios contables que cuenta cada uno según le conviene?
En cualquier caso ¿alguien piensa que el mercado laboral español funciona bien y no hay que tocarlo? Otra cosa es si esta reforma es la güena. Que ni puta idea.
Comentario escrito por Otto von Bismarck — 27 de febrero de 2012 a las 11:40 am
Domingo,
Me temo que ahora, cuando el Estado ya ha dilapidado la mayor parte de los recursos con los que contaba, no se pueden aplicar demasiadas soluciones.
A mi modo de ver, una de ellas, hace ya unos años, habría sido no rescatar bancos, por lo menos con dinero público (si Botín quiere rescatar a Rato con su dinero, o viceversa, por mi no hay problema, pero esos dos no son tan tontos). Total, los ahorros de la mayoría de ciudadanos que invierten en productos garantizados de baja rentabilidad están protegidos por los fondos de garantía, y si alguien invierte en productos más complejos y de mayor rentabilidad, debería saber que corre un riesgo.
A mi modo de ver, puestos a apuntalar el sistema financiero (que es necesario), habría sido mejor emplear ese dinero creando un «banco bueno», que permitiese conceder crédito a empresas viables y que estaban (y están) funcionando bien, pero que necesitan dinero para financiar sus pagos y sus cobros. Esas empresas, y no los grandes financieros, son los que realmente crean riqueza y puestos de trabajo. Ya puestos, la propia administración habría podido aliviar algo al sector privado simplemente cumpliendo con sus propias leyes de morosidad, que no es de recibo que se tenga que esperar meses y meses para cobrar y, para más inri, tener que pagar el IVA de las facturas presentadas y no pagadas por las propias administraciones.
Otra cosa que si que podría hacer el Estado es luchar contra el fraude. Una empresa o un profesional que actúan en «negro», resulta que están robando al Estado, a sus propios empleados (cotizar 4 horas y trabajar 8 tiene unos ligeros inconvenientes cuando cobras la baja, el paro o calculas la base de la pensión) y, encima, es competencia desleal respecto los que se mueven dentro de la legalidad.
Comentario escrito por Lluís — 27 de febrero de 2012 a las 2:30 pm
Hola Andrés, muy interesante artículo como de costumbre. Un par de reflexiones, ligeramente off-topic tal vez:
«¿Cómo es posible que una reforma de este tipo, tan dura, pase políticamente sin mayores problemas y no haya generado de inmediato un estallido social?»
Quizás porque el clivaje capital-trabajo que dió vida a los partidos de masas y a la venerable «cultura de izquierda» marxista, socialista se ha transformado en una forma insólita: el viejo capitalista industrial que no logró globalizarse y su viejo antagonista (el obrero) están paradójicamente juntos en el mismo frente. La representación política de estos viejos “enemigos de clase” está ahora a cargo de los nuevos partidos etno-populistas de extrema-derecha europeos (Front National en Francia, Lega Nord en Italia, etc.). Estos Partidos y electores defienden ahora un “chovinismo del bienestar” (los efectos positivos del “boom económico” europeo de los 70s), efectos ahora completamente arrasados por la nueva «lógica» de la globalización y el cambio generacional. Estos grupos políticos europeos han re-canalizado la representación política de las viejas masas obreras, desplazadas por el proceso de globalización en acto. Estas formaciones políticas de nuevo cuño reaccionan en modo radical-conservador a la desterritorialización de las empresas fuera de la Unión Europea o a las nuevas fuerzas de trabajo contigente y provisorio, la mano de obra barata de los extranjeros. Este tipo de partidos representa, por igual, al viejo capitalista de la segunda revolución industrial que no ha logrado adaptarse a las nuevas reglas de la economía global, y el viejo obrero manual, sin formación ni profesión definida.
Comentario escrito por gallo — 27 de febrero de 2012 a las 5:06 pm
Andrés, estoy de acuerdo contigo en que una de las cuestiones fundamentales de la reforma laboral (y no es que el abaratamiento del despido, la ausencia de autorización administrativa para los ERE, el periodo de prueba de un año sin limitaciones en los contratos de apoyo a los emprendedores, por ejemplo, no lo sean…) es el relativo a la negociación colectiva.
Lo que a mi ahora más me preocupa (y creo que aquí no se ha comentado) es la prioridad aplicativa del convenio de empresas respecto de los convenios sectoriales estatales, autonómicos o de ámbito inferior y que afectan a materias tan relevantes como la cuantía del salario base y de los complementos salariales, el horario y la distribución del tiempo de trabajo, el régimen de trabajo a turnos y la planificación anual de las vacaciones o la adaptación al ámbito de la empresa del sistema de clasificación profesional de los trabajadores…
Me parece que en este sentido la posibilidad de descuelgue de los convenios queda empequeñecida al lado de la posibilidad de regular libremente por parte de los empresarios, sin más limite que el ET, las condiciones mencionadas en la nueva redacción del artículo 84 del ET. Lo que facilita, a mi parecer, el desequilibrio de fuerzas entre los trabajadores y los empresarios, dejando al descubierto a los trabajadores, que sí o sí me temo se verán obligados en más de una ocasión a comulgar con convenios de empresa nada favorables a sus intereses. Sobre todo en este clima laboral y económico donde parece que todo vale.
Comentario escrito por rosa maría — 27 de febrero de 2012 a las 6:12 pm
Pues yo, desconfiando como desconfio del español, y más aun del empresario español, no hago más que leer cositas que confirman mis sospechas:
Uso de la reducción de jornada como medida disciplinaria, una sanción de empleo y sueldo sin posibilidad de recurso judicial.
Y, aun más gordo, dado que la reducción de empleo y sueldo que ello implica, un estimulo aun mayor: o aceptas el despido improcedente ó seis meses más tarde te vas a la puta calle – sea porque la empresa peta, sea porque el jefe te tira si ó si- con la mitad de la indemnización y, más jodido todavía, la mitad del paro.
Uso de los traslados como medida disciplinaria, en empresas con varios centros de trabajo, ya que desaparece todo control de las condiciones de trabajo. Puede enviarte a cualquier sitio ó pueden reducirte jornada a pesar de que esten cubiertas todas las vacantes a donde vayas, haya otros empleados dispuestos a acudir ó haya empleados más próximos – caso de traslados- o independientemente de que se hagan horas extras ó se contrate personal externo, aunque sea para tu mismo puesto – caso de la reducción de jornada.
Desaparición de los convenios colectivos, por el conocido método de dos no negocian si uno no quiere. Antes lo usaban los sindicatos para prorrogar los convenios, ahora lo van a usar los empresarios para descuelgues.
Vamos, en resumen, la doma y castración del currito. Bueno para aquellos que puedan aportar «valor añadido», ya sea por tener una formación demandada ó por estar dispuestos a trabajar por un salario en el nivel de subsistencia, bueno para el ahorro, malo para el trabajador sustituible, malo para el consumo, malo para los proyectos personales a medio plazo, malo para la seguridad pública.
En cuanto pase el shock, el estado de duelo en el que está metida la mayoría de la población ocupada y se vayan dando cuenta – y sufriendo las consecuencias- de hacia donde nos movemos, lo llevamos claro.
Comentario escrito por galaico67 — 28 de febrero de 2012 a las 9:17 am
Mi interpretación es la siguiente:
– España está en quiebra técnica. Cada mes necesita pedir pasta para seguir funcionando.
– La reforma permitirá salvar el tejido empresarial a costa del aumento temporal del paro. La otra alternativa es la quiebra real y el colapso económico.
-Es condición sine qua non para tocar fondo y…
– … que cuando se den las condiciones, se pueda recontratar a la gente….
-…pagándoles un 30% menos que antes, que las empresas sobrevivan.
La deuda que la situación y la pésima (y a mi juicio a veces delictiva) gestión han dejado, la vamos a pagar. Los políticos se han gastado nuestro dinero sin criterio y en gilipolleces, y en el futuro las familias españolas perderán -et moi- un 30% de capacidad adquisitiva para pagarlo.
Gracias ZP. Gracias votantes socialistas. Gracias Rubalcaba.
Comentario escrito por pepito71 — 28 de febrero de 2012 a las 10:25 am
La – esta- reforma permitirá mantener el margen de beneficios ó aumentarlos todo lo posible. El tejido empresarial depende, desgraciadamente, de más cosas.
Si quitas un 30% del circulante y no tocas otros sectores tu recaudación fiscal se va a ir a la mierda. Si introduces un factor de aletoriedad en el empleo, el consumo no imprescindible se va a ir a la mierda, y con ello todos los empleos que dependen de ese maravilloso sector terciario
«… que cuando se den las condiciones, se pueda recontratar a la gente….» oooh, si, ¿Cualas son esa señoras, las Condiciones, digo?
Y, sino, siendo buenos, cuando muramos y nos llegue el día del Juicio Final, entraremos en el Paraiso y ya será la polla ¿Que son setenta años de mierda, llanto y crujir de dientes frente a una eternidad en extasis contemplando a Dioxxx?
Pepito71, como entre una contrata de chinos en su sector, se va a cagar en sus muelas. Mientras tanto, no abuse d elos antiacidos
Comentario escrito por galaico67 — 28 de febrero de 2012 a las 2:26 pm
Por cierto ¿En su razonamiento ha pensado como van a pagar los españolitos sus hipotecas con un 30% menos de sueldo?
Coño, que tiene estudios para montarse un apocalipsis completo y detallado, no se quede solo en la lluvia de ranas…
Comentario escrito por galaico67 — 28 de febrero de 2012 a las 2:57 pm
¿Y aplicar responsabilidades civiles a las empresas y/o administraciones por impagos?, ¿Es factible? Lo digo por prevenir que en unas se eche el cierre pero la piscina del chalé que no me lo toquen en unas o que arree el que venga detrás en otras.
Ganas sé que no hay, ¿pero se dispone de mecanismos actualmente para esto?
Comentario escrito por Bunnymen — 29 de febrero de 2012 a las 9:29 pm
Querido Galáico: me alegro de charlar de nuevo con ud.
Lamentablemente, las cosas están llegando a donde era de prever, por lo menos por mí, hace bastante tiempo. No sé si ud en concreto, pero por aquí mis antes apocalípticas interpretaciones del futuro económico han sido ridiculizadas entre mucho y bastante, en una escalada sin precedentes de estupidez carente de argumentos económicos sólidos. Ahora son hechos.
Es un hecho que España está en quiebra técnica.
Es un hecho que el coste estructural del «sistema» es totalmente insostenible.
Las condiciones que dice usted son: cuando los productos españoles (incluido servicios) sean tan competitivos que yo (y en otros paises) en vez de un volvo me compre un ibiza, en vez de comprar productos extranjeros compre españoles, y eso me suponga una mejora, que en vez de contratar una consultora extranjera contrate una española, etc; desgraciadamente con las condiciones laborales actuales esto no sucede, y es más rentable no producir y despedir o no contratar, en muchos casos, que producir. O directamente quebrar y que las empresas dejen de funcionar.
Eso supone lo siguiente, habida cuenta del volumen de deuda respecto al PIB: el coste estructural ligado a la producción debe reducirse en un 30% aprox. Eso es lo que debe perder cada familia en capacidad adquisitiva para poder pagar la deuda que sucesivos gobiernos con un incalificable nivel de mediocridad nos ha dejado, especialmente durante la última legislatura.
Una forma sería devaluando la moneda, cosa imposible sin el BCE. Otra forma es mediante impuestos, ya en marcha pero insuficiente. La tercera es la rebaja real de salarios en el país. Menos mal que Rubalcaba ya está movilizando la calle, en una acción radicalmente en contra del sentido de Estado, dada la situación actual, a mi juicio; sobre todo siendo corresponsable de la quiebra.
Efectivamente, esta reforma está orientada a salvar las empresas a costa de los trabajadores.
Los españolitos que asumieron riesgos indebidos, por ejemplo la hipoteca (o votar a ZP), pues en muchos casos no podrán pagar. Que vendan y alquilen, por ejemplo. Que apliquen una política económica en su casa tipo posguerra: reducción de gastos supérfluos, etc. Que dejen de tomar cerveza, de salir, de gastar en lo no imprescindible. Yo ya lo hago hace años.
Respecto a lo de los chinos: ya están en mi sector, desgraciadamente, y presentan ofertas en Europa del Este con bajas del 60 al 80% respecto a los precios presentados por empresas tradicionales del sector y/o conglomerados de las mismas. Contra eso es imposible luchar sin protecciones arancelarias, tiene ud razón.
Respecto a lo que reclama Bunnymen: habría que hacerlo. El problema es que luego te quedas sin adjudicaciones, como castigo. Habría que exigir responsabilidades penales y civiles a todos los corruptos y a los negados y a todo gestor que haya rebasado los límites. El PP perdería mucha gente y el PSOE sería un erial.
PD: parafraseando a I.J.Reilly: «en mi apocalipsis personal le veo a ud siendo empalado por su propia porra». Me pide concrete el apocalipsis: tenga a mano los ansiolíticos:
aumento del paro por encima del 26% a finales de año; Despido de entre 300.000 y 500.000 empleados públicos, para empezar; venta de empresas y de patrimonio público; caida del consumo y por ende del PIB, aumento de impuestos directos, indirectos y tasas; imposición del copago sanitario y por uso de infraestructuras de transporte; encarecimiento del transporte público; limitación de las prestaciones de la Seguridad Social…..y si los españoles siguen sin enterarse de qué está pasando y porqué, pues más huelgas salvajes (que van en contra del interés general, a mi juicio) y una nueva toma de la calle por minorías violentas movilizadas y utilizadas por el PSOE y sindicatos afines, que no aceptan la voluntad mayoritaria de los españoles expresada en las urnas: que los del PP arreglen esto como sea…..sólo espero contundencia tipo Margaret Thatcher, esa mujer….
Comentario escrito por pepito71 — 01 de marzo de 2012 a las 11:07 am
Bunnymen, para eso se inventaron la S.A.- y no son las Secciones de Asalto_…
Comentario escrito por galaico67 — 01 de marzo de 2012 a las 1:12 pm
«¿En su razonamiento ha pensado como van a pagar los españolitos sus hipotecas con un 30% menos de sueldo?» O gastar dinero en cosas como bares, cines, restaurantes, tv’s de plasma, consolas.. todo aquello no imprescindible para la subsistencia… Con el descenso tan brutal del consumo que se va a seguir produciendo en los próximos años, tal y como está la cosa a nivel real y psicológico ¿alguien se cree de verdad que a corto, medio o muuuuy medio plazo hay posibilidades de reactivación del consumo?
A mi que me lo expliquen que soy muy cortito. En el fondo a mi esto me huele ya a política -impuesta desde fuera, ya sabemos- con el fin de salvar las Administraciones públicas del catacroc. Vamos, que se sabe de sobra que con esto no se va a ningun sitio -rectifico, se va a la mierda- pero hay que seguir con el tragalá porque sino el chiringuito (del que viven ellos,oh casualidad) se derrumba.
Desde un punto de vista pelín mas filosófico, a mi me parece que desde el principio de la crisis MArx ha vuelto para quedarse. Está mas que reconstado que las clases altas/muy altas no han perdido, desde su inicio, ni un ápice de su poder adquisitivo -revisen los nºs de las ventas de bienes de lujo, que no hcaen mas que subir-. Han visto que al enemigo, según la guerra de clases, los de abajo, se le pueden dar y dar patadas para desalojarle de su espacio y éste no responde. Y, como es lógico, siguen haciéndolo. Táctica (no estrategia) militar de Pocoyó. Si atacas las posiciones estratégicas a tu enemigo y este no se defiende y huye, pues tendrás que ocuparlas y seguir hostigándole y hacerle retroceder. Claro, que tiene el problema que tienen todas las táctica que no estrategias.
Comentario escrito por John Constantine — 01 de marzo de 2012 a las 7:30 pm
..Continúo, que sabiendo la inteligencia que gastan los proceres del 99% de las empresas españolas, que no la astucia, que de esa tienen mucha, a lo mejor terminan dandose cuenta de que debían haber parado tiempo ha. Cuando la calle esté lo suficientemente agitada día si, dia también y el trabajador de calidad prefiera en su mayoría irse al extranjero a vivir mejor que aquí -y me temo que muchas divisas aqui ya no van a mandar -, a ver quien coño va a comprar la mierda de productos que van a salir de la economía española con una mano de obra infrapagada y de baja calidad. Que para eso ya están los productos chinos a muy mitad del precio al que estarán los ibéricos.
Comentario escrito por John Constantine — 01 de marzo de 2012 a las 7:36 pm
Sí galaico, ya se que es un grupo de rock vasco, pero que quieres que te diga, he visto demasiadas veces para mi gusto empleados de PYMES no cobrar sus nominas mientras el dueño declaraba el BMW de su segunda mujer (importada de Rusia) como coche de empresa y la segunda vivienda en la playa se construía a un ritmo que ya quisieran las hormigas. Sí con tales acontecimientos basados en hechos reales luego ese mismo empresario se queja de que no fluye el crédito, y que la reserva que debe tener para indemnizaciones no le permite invertir en más jóvenes becarios con contrato por obra o servicio me da que hay piezas del engranaje que fallan.
Y dejándome de marujeos que se me va el santo al cielo, conste que a mi, la medida de reducir la indemnización por despido no me parece mala per se, debería ser lo normal que uno abandonase su empresa (si puede ser por su propio pie y con los mejores deseos mejor para todos, sino invitado amablemente a marcharse si las circunstancias o la relación no son del todo propicias) sin que supusiera un drama. Siempre dentro de un ámbito de actividad laboral que permita a cualquiera encontrar trabajo en un breve plazo, de otra forma (y más si se acompaña como se pretende de rebajar o incluso quitar el subsidio de paro) no es más que una forma de coacción para los trabajadores.
Por cierto, la subvención por contratar jóvenes y resto de medidas que acompaña me parece el mayor despropósito de la mencionada reforma, y un esputo gomoso y verdoso en la cara de cualquier trabajador veterano que busque empleo, el que no se prejubile a los 40 está bien jodido.
Comentario escrito por Bunnymen — 02 de marzo de 2012 a las 8:23 pm
Mr Pepito71, todo el apocalipsis que predice es única y exlusivamente para seguir una senda irlandesa, pero sin publicidad. Hay cosas que se me escapan, porque si tienen lógica, que alguien me la explique. A ver porque tenemos que avalar con 200.000 millones – y lo que te rondaré, morena- a la Banca esa dirgida por ZP y sus progretarras presidentes.
Entrando en materia:
Me pide concrete el apocalipsis: tenga a mano los ansiolíticos:
aumento del paro por encima del 26% a finales de año–> Ni lo dudo, va a haber una limpieza general, pero no solo para salvar empresas, sino para incrementar beneficios, como llevan haciendo nuestros bienamados y prospero refugio de expresidentes, los oligopolios campeones nacionales; Despido de entre 300.000 y 500.000 empleados públicos, para empezar–>> A ver cuantos, como y donde despides a esa legión sin que se te desmonte el tenderete. No hay capacidad de gestión de personal en toda la Administración Pública para acometer semejante criba en un año y los efectos a nivel CCAA y ayuntamientos serían partidistamente catastróficos. Para ahorrar entre 3000 y 5000 millones de euros ( salarios+ cotizaciones-paro) va a desencadenar la matanza de los inocentes. Solo con dejar de hacer AVEs ya lo ahorra. No me imaginaba que le fuera tanto el anarquismo y el kaos.( Y si quiere un punto anticlerical que debe tener cualquier progretarra que se precie, con romper el concordato y aplicar el modelo alemán de financiación a la iglesia nos ahorrariamos despedir a esos 300.000 funcionarios públicos que dice deben ser inmolados)
.- venta de empresas y de patrimonio público–>> ¿En un momento de baja cotización de todo? ¿En medio de un pronostico general de saldos? ¿Con los gestores que tenemos? Viva el mal, viva el capital, viva la anarkia…Remenber el malbaratamiento de Rumasa, ahora vamos a malbaratar los Hospitales de la Seguridad Social a mayor gloria del sistema del Dr House.
.- caida del consumo y por ende del PIB, aumento de impuestos directos, indirectos y tasas; imposición del copago sanitario y por uso de infraestructuras de transporte; encarecimiento del transporte público; limitación de las prestaciones de la Seguridad Social….–>> Bueno, vivan las medidas para obtener pasta por todos los medios.Solo falta saber – yo me temo que lo se- como se van a repartir esas cargas y esa vuelta al pasado señorial de este pais. Vuelven – en su modelo- los portazgos, pontazgos, aduanas y consumeros. Vuelve el jornal ( en su sentido estricto), vuelve el derecho de pernada, el extraperlo, las licencias de importación. Y todo para que los avariciosos progretarras alemanes que prestaron el dinero a los avariciosos progretarras españoles cobren hasta el último euro con su 5% de interés añadido.
al si los españoles siguen sin enterarse de qué está pasando y porqué,–>>> ¿Que está pasando? A mi me gustaría saber realmente que está pasando, porque conozco versiones de todos los colores y las composiciones de lugar que me hago solo confirman que vivimos gobernados por la Banca y hacía su salvación encomendamos todos nuestros esfuerzos,
.-pues más huelgas salvajes (que van en contra del interés general, a mi juicio) y una nueva toma de la calle por minorías violentas movilizadas y utilizadas por el PSOE y sindicatos afines, que no aceptan la voluntad mayoritaria de los españoles expresada en las urnas: que los del PP arreglen esto como sea…..sólo espero contundencia tipo Margaret Thatcher, esa mujer….
No, si uno se queja porque en medio de las amputaciones le suprimen la anestesia y le cambian el nolotil por cristiana resignación y por pensar que por el sufrimiento se llega a dioxxx es una antipatriota y jode economías. Pero si los franceses han hecho lo mismo – incluso hoy han acorralado a su petit napoleonsky en un bar- y no se les abren los cielos y las tierras para castigarlos.
Y, por cierto, Margaret Tatcher, esa mujer, triunfo aplastando a los mineros, pero fracasó cuando se pasó de rosca y quiso aplicar el todos somos iguales a la hora de pagar…
PD.-Le invito a escribir un post donde podamos atizarnos conscientemente a base de cifras y datos, de los que no dudo está bien pertrechado, dejar de recurrir a los chivos y, por último, dejar de parasitar este post.
Comentario escrito por galaico67 — 02 de marzo de 2012 a las 10:25 pm
Gracias por el análisis, no pensaba leerme en directo el Decreto y ya tengo una cabal idea. Lo de la retroactividad no queda muy claro, por cierto.
Constitucionalmente será interesante ver si en tres o cuatro años el Tribunal decide alguna cuestión en materia laboral que se está planteando, aunque muy posiblemente se pactará que se retire el recurso.
Creo que se resume todo en las palabras de Otto V. B.
«Lo cierto es que con cinco millones de parados y creciendo, no nos queda otra que bajarnos los pantalones y esperar que nos taladren el ojete de forma rápida. »
Merkel, ten piedad de nosotros y acierta con tus medidas.
Comentario escrito por zulik — 03 de marzo de 2012 a las 3:03 am
Muchísimas gracias a todos por los comentarios y el debate generado, que me ha hecho aprender mucho. Y disculpad por estar desaparecido en lugar de comentando y contestando.
#1 domingo, no ha cambiado nada en los sustancial. Como decía antes, la reforma anterior no me gustó. Igual que digo ahora que esta reforma me gusta todavía menos. La reflexión sobre salarios y protección del trabajador la mantengo. De hecho, como creo que es esencial, es por lo que justamente trato de argumentar que más grave que la rebaja de indemnizaciones es lo que se ha hecho con la negociación colectiva, que deja al trabajador vendido. Sí o sí. Y por este motivo también he tratado de explicar cómo el mecanismo de reducción de indemnizaciones, en combinación con otros elementos, acentúa esta situación de quedar vendido. Por último, el contrato único, a mi juicio, no supone abjurar de la defensa de esta idea sino todo lo contrario. Es una manera de garantizar más protección a la gran mayoría de los trabajadores (y sí, a cambio habría algunos que tendrían algo menos, pero seguirían teniendo mucha).
Por lo demás, muy de acuerdo con muchas cosas que comentáis (galaico, otto, gallo…) y muy especialmente con Rosa en #10. En efecto, esa eficacia de la negociación en empresas por encima del convenio sectorial es una bomba de relojería que desmontará el modelo de negociación colectiva actual que, como explico, requiere de esa negociación general para proteger a los trabajadores.
José Luis, tienes razón en lo del RDL 4/2012, a ver si se puede comentar un día de estos extensamente por aquí. Y respecto de la inconstitucionalidad del contrato único, más allá de posibles cuestiones de retroactividad (que sinceramente creo menores a la vista de la doctrina del TC), ¿dónde podría estar la inconstitucionalidad?
Y respecto del debate de fondo que ha acabado suscitando Pepito, mi posición no difiere mucho de la de Otto o zulik. En efecto, estamos jodidos. En efecto, o competimos bajando salarios o muchas empresas se van a la mierda. Pero, en efecto, esto es pan para hoy y hambre para mañana. De manera que estaría bien que la reforma no sólo sentara las bases para esa bajada de sueldos sino, también, para un modelo de relaciones laborales que incentivar a el desarrollo del trabajo por parte de gente cualificada, su compromiso con la empresa, que se formen, que se sientan seguros… Si la apuesta es sólo ganar competitividad bajando sueldos… aviados vamos. Porque esa guerra no la vamos a ganar nunca. Y, además, si la ganáramos, sería a unos costes que a nadie convienen. Es por esta razón, entre otras, por las que me parece que lo del contrato único estaría bien. Reseteemos las relaciones laborales en este país, a ver si logramos un modelo de participación e implicación laboral de los trabajadores más europeo que africano. Lo que pasa, también, por darles derechos y trato de europeos y no de africanos.
Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 06 de marzo de 2012 a las 11:50 am
[…] muy protegidos (los que llevaban años contratados con antiguos modelos). Y digo se basaba porque, como traté de explicar cuando el Gobierno aprobó la pasada reforma laboral, las medidas iban dirigidas justamente a hacer desaparecer en la práctica esa mayor protección de […]
Pingback escrito por Razones para el contrato único | Blog jurídico | No se trata de hacer leer — 21 de mayo de 2013 a las 9:08 am