Ya casi han pasado dos años desde cuando Trump fue elegido presidente de EAU [1] y por lo tanto tocan elecciones en EUA. Todavía Trump no ha sido impeached, todavía no ha bombardeado ningún país extranjero, ni ha obligado a México a pagar un muro, ha conseguido que el Congreso medio enmiende la reforma de Obama del sistema de salud, ha bajado los impuestos, ha incrementado el déficit público, ha dado alas a los grupos supremacistas de machos blancos, se ha salido de los acuerdos para la lucha contra el cambio climático antropogénico, el Dow Jones ha subido, el paro ha bajado, las encuestas de su popularidad siguen por los suelos (aunque no tanto como las de Macron) y ahora ha llegado la hora de la prueba definitiva, donde se renovarán unos cuantos gobernadores de estados, un tercio del Senado y la Cámara de Representantes al completo.
Según las encuestas que tan bien pronosticaron [2] el triunfo de Trump, parece que los republicanos mantendrán el control del Senado pero por contra es bastante probable que los demócratas se hagan con la mayoría de la Cámara de Representantes (más del 80 % según los cálculos de Nate Silver).
Es dura la vida del representante, donde cada dos años se está jugando el puesto, en vez de los seis que tiene un senador para disfrutar de DC. El número de representantes de cada estado se reparte según su población (con un mínimo de uno), y dentro de cada estado se crean distritos electores, donde los residentes eligen un representante, el que más votos obtenga. El cómo se definen los distritos es bastante arbitrario, dependiendo de cada estado, y dando al fenómeno del gerrymandering [3], donde se trazan los distritos de forma que un partido optimice su número de representantes electos. De todas formas, hay representantes que han logrado serlo, primaria tras primaria, elección tras elección, desde los 70 [4].
Se considera que si el representante actual vuelve a presentarse (incumbent), suele tener más probabilidades de volver a ser elegido. Las últimas elecciones de la Cámara, fueron una clara victoria de los republicanos (241 de 435, actualmente), empujados por el efecto Trump. Las elecciones de medio mandato suelen ser de menor participación que cuando además se elige presidente de EUA, ya que el electorado menos incentivado (y más desfavorecido como las minorías raciales) suele ir a votar menos, favoreciendo a los candidatos republicanos. Pero este año, con el trumpismo acaparando las pantallas, quizás haya mayor movilización general.
En muchos de los distritos electorales prácticamente ya está el pescado vendido antes de empezar, ya sea del lado republicano o demócrata. Luego están los distritos donde la elección está más abierta, de los cuales los más disputados se muestran en esta tabla:
Cada distrito se indica por la abreviación del estado y el número de distrito. Estos son los distritos marcados como en estado de empate por las estimaciones de Cook Political Report [5], Inside Elections [6], Sabato’s Crystal Ball [7] o RealClearPolitics [8], mientras que el número indica por qué porcentaje sería la victoria (número positivo) o derrota (negativo) del candidato demócrata según el modelo Deluxe [9] de Nate Silver. En negrita están los distritos que tanto Cook Political Report, Inside Elections, Sabato’s Crystal Ball y RealClearPolitics consideran empatados.
Será complicado seguir en directo desde Teruel el que promete ser un apasionante recuento, con resultados significativos empezando a las dos de la madrugada, y con diferentes zonas horarias y horas de cierre de los colegios electorales. Pero no hay que renunciar a nuestra dosis de droja, y uno de los estados en que los colegios electorales cierran más pronto en su hora local es Kentucky, a las seis de la tarde, y aunque tiene dos zonas horarias dentro del mismo estado, en la zona horaria más oriental tiene uno de los distritos más competidos, el KY6, su sexto distrito electoral [10], por lo que podría tener una hora de cierre de las 00:00 hora de Teruel, bastante razonable para quizás recibir los primeros [11] recuentos [12] si los publican rápidamente.
Según Nate Silver, los demócratas estaban muy ligeramente por delante (D+0.3) en este distrito y puede ser un buen indicador de lo que va a suceder. El distrito corresponde a una zona mayoritariamente urbana y de mayoría blanca (casi el 85 %), distrito que aunque ahora se considera republicano y se decantó claramente por Trump, también eligió representante demócrata en 2010.
El representante desde 2012 del distrito KY6 es el republicano Andy Barr [13] que se presenta para la reelección. Barr da pinta de ser el típico político republicano, de los que presumen de familia y sacan a Dios cuando están en apuros, y es considerado muy pro-Trump ya que apoyó sus reformas clave: la desregulación de los sistemas financieros dada por la ley Dodd-Frank, la reforma del Obamacare y la rebaja de impuestos.
Como adversaria demócrata, tiene a Amy McGrath [14], la primera piloto del avión F/A-18 en misión de combate con el Cuerpo de Marines en Afganistán, aunque probablemente no los volara «a la española» [15]. Amy McGrath no se considera con obediencia debida al partido demócrata y dice que no votará con el partido cuando lo considere, como las medidas que ponen en duda a la policía. Su punto fuerte de la campaña es defender el derecho a una sanidad asequible para los estadounidenses, el Obamacare. Y llevaba recaudado más dinero para su campaña [16] que Barr: casi 8 millones de dólares por 5 millones.
Si hubieran sido unas elecciones legislativas al uso, Barr debería de haber tenido pocos problemas para revalidar su mandato, pero Trump, para bien o para mal —ya se verá— está contaminando toda la campaña. McGrath reprocha a Barr haber sido un sumiso diputado a Trump y al partido republicano (votó con el partido republicano más del 90 % de las veces) y que defendió poco los intereses de su distrito. Trump ha demostrado su apoyo a Barr con un mitin en Kentucky, y Barr se muestra orgulloso de Trump. Barr acusa a McGrath de ser demasiado-mucho de izquierdas para representar a Kentucky, que defiende la apertura de las fronteras, el aborto, subir los impuestos y de recibir dinero de Nancy Pelosi, la bruja roja de EUA —o ¿quizás este título es de Susan Sarandon?, no lo tengo claro—. McGrath se defiende diciendo que son tergiversaciones de Barr, que ella quiere representar a todos los ciudadanos, que su marido es republicano, que ella ha bombardeado por defender las fronteras estadounidenses, que como católica no le gusta el aborto pero que tampoco quiere encarcelar a las mujeres, que está en contra de subir los impuestos a la clase media pero sí al 1 % más rico favorecido por las rebajas de Trump, que su campaña cuenta con muchas pequeñas donaciones y que ella no fue la candidata del establishment demócrata en las primarias.
Además de Trump, Barr presume del apoyo del poderoso lobby de la Cámara de Comercio y su voto será muy predominante en las zonas menos urbanas del distrito. McGrath ha contado con el apoyo de Hillary Clinton ¡ja, ja, ja! Joe Biden y ha realizado una campaña en positivo, presumiendo de la silueta del F/A-18 cada vez que puede, pero sin ataques insidiosos contra el adversario. Barr, sin embargo, no se ha privado de estos tipos de ataques, con los argumentos arriba reseñados.
Así, que estamos en la competición definitiva de las elecciones legislativas que pueden servir para ver si el partido demócrata puede oponerse al trumpismo en zonas del país que había perdido. En estas elecciones se enfrentan además de el partido republicano contra el demócrata, el trumpismo contra anti-trumpismo, candidato hombre contra mujer, el bajar los impuestos para todos contra el subir los impuestos a los más ricos y la campaña en negativo contra la de en positivo.
Lo que ocurra tal vez nos sirva para irnos a dormir con cierta idea de lo que pasará el resto de la jornada electoral, aunque claramente serán unas suposiciones arriesgadas al estar basadas en un evento muy preliminar y especial. Pero una victoria de McGrath indicaría que el trumpismo tiene los pies de barro; si la victoria es contundente, mostraría un camino al partido demócrata para ganar las elecciones, sin necesidad de recurrir a los candidatos del ala más izquierdista. Si gana Barr, sería un mazazo a las esperanzas de poner coto al trumpismo al menos desde la Cámara de Representantes, sobre todo si vence abultadamente.