Este verano se cumplen cien años del inicio de la Revuelta Árabe contra el Imperio Otomano en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Para entonces el maltrecho Imperio Otomano, que había sido considerado “el enfermo de Europa” desde el siglo XVIII, había inflingido severas derrotas al todopoderoso Imperio Británico en Gallípoli y en Mesopotamia y seguía a la ofensiva -aunque sin éxito- en el Sinaí para intentar conquistar Egipto. La gran novedad estriba en que el Foreign Office británico decidió probar una estrategia distinta: fundó el Arab Bureau como unidad especial en las oficinas de inteligencia de El Cairo y dedicó sus esfuerzos a alentar una rebelión nacionalista de los árabes contra los turcos prometiéndoles un Estado independiente en la Gran Siria para cuando terminara el conflicto.
Más allá de la épica de T.E. Lawrence y sus películas, el Arab Bureau inventó el concepto de guerra asimétrica y contribuyó a ganar la guerra para los francobritánicos. Lo de después es desgraciadamente bastante conocido: acuerdo de partición colonial por aquí -el famoso acuerdo Sykes-Picot-, primer gobierno constitucional árabe de la Historia desalojado de Damasco a punta de bayoneta por allá y hogar nacional para los judíos en Palestina acullá. Y hasta hoy.
El Arab Bureau rediseñando Oriente Medio entre dos partidas de bridge
Un siglo después, la Turquía heredera del Imperio Otomano que los británicos derrotaron y desmembraron sigue inmersa en tensiones parecidas a las de entonces: entre un impulso nacionalista laicizante de carácter militar y el liderazgo islamista en la región -no olvidemos que los sultanes de Estambul fueron los últimos titulares del califato hasta que el ISIS se arrogó el título, y hasta proclamó la jihad contra los británicos y los rusos; entre las nuevas clases urbanas y el poso rural; entre una orientación geopolítica europea o eminentmente asiática, etcétera. Y algo que tampoco ha cambiado: la Turquía moderna exorciza sus problemas internos en la minoría kurda como a principios del siglo XX lo hizo con los armenios en un genocidio que aún no han reconocido. El reciente y explícito negacionismo de Erdogan sobre el genocidio armenio en su centenario abunda en la idea de hasta qué punto la Turquía de hoy es heredera de aquél nefasto legado.
La opinión pública occidental, que suele coincidir más allá de ideologías en su profunda islamofobia ha contemplado siempre con simpatías al ejército turco ya desde los tiempos de la dictadura de Mustafá Kemal Atatürk: lo contemplan como al guardián de la laicidad y el constitucionalismo obviando cuánto debe el ejército turco a los Jóvenes Turcos responsables del genocidio armenio y demás atrocidades, movimiento del cual el mismo Atatürk formaba parte. A Turquía se le aplicó el mismo rasero que a la España de Franco, la Nicaragua de Somoza o el Chile de Pinochet: los mercenarios de turno como el español Juan José Linz [1] distinguieron oportunamente entre dictaduras buenas o autoritarias y malas o totalitarias según una clasificación ad hoc en la que los aliados de los Estados Unidos salían guapos en la foto. El resto es historia: Albert Rivera explicando a la prensa que a diferencia de Venezuela, en las dictaduras al menos hay orden [2], que es lo importante, es el poso de muchos años de trabajo concienzudo.
Sin embargo, abortado el intento y mitigado el entusiasmo inicial con un golpe de estado a la egipcia para acabar con un gobierno electo y constitucional -que dicho gobierno haya convertido el estado de excepción en permanente o asesine a civiles sin juicio sólo parece ser un problema en Turquía, no en Francia [3] o Norteamérica- sigue sin haber mucha luz sobre las causas reales del mismo. ¿Responden realmente las fuerzas instigadoras del golpe de estado a un espíritu democrático distinto y mejor a la agenda del gobierno electo del AKP?
La purga masiva que ha iniciado el gobierno de Erdogan en el ejército, la educación y la judicatura, entre otros estamentos, tiene el aspecto de ser premeditada y guiarse por una lista que debe llevar años en preparación. La deriva autoritaria y securitaria del gobierno en la que lleva años el gobierno del AKP con la cuestión kurda como telón de fondo parece bastante similar a la que ha demostrado el gobierno norteamericano desde 2001 con el pretexto del terrorismo islamista, el mexicano o colombiano contra el narco, la cuestión de ETA en España o la chechena en Rusia. Varía la escala, propia de un país en vías de desarrollo y donde los kurdos tienen un peso poblacional y territorial importante.
Erdogan apuntó desde el primer momento a la red de Fetulah Gülen, a la que considera “un estado dentro del Estado”, y cuyo líder lleva algunos años siendo considerado un terrorista en Turquía. Aunque la mayoría de medios occidentales han insistido en considerar esto una simple paranoia, no se ha explicado apenas en qué consiste su actividad e ideario. Gülen, predicador, escritor e imán, predica una visión política moderada del islam suní que defiende tanto la ciencia como el diálogo entre religiones. De hecho, la organización y el mismo Gülen tienen vínculos tanto con el Vaticano [4] como con Israel [5]. Por ejemplo, en 2010, en una entrevista concedida al Wall Street Journal, el imán dio la razón a Israel [6] en la cuestión del asalto a “Flotilla de la Libertad” a Gaza en la que las fuerzas israelíes mataron a nueve activistas e hirieron a más de treinta.
Gülen visitando a Juan Pablo II en el Vaticano
Gülen solía ser el aliado estratégico más importante de Erdogan y uno de los impulsores del actual partido AKP. Fue de hecho la infiltración masiva de seguidores de Gülen en el ejército y los cuerpos de seguridad del Estado turco lo que permitió al AKP purgar en macroprocesos como los de Ergenekon y Balyoz [7] buena parte de estos estamentos, salpicando de lleno a periodistas críticos con el gobierno. La actual purga sólo parece la siguiente fase después de la sonada ruptura entre Erdogan y la red de Gülen a partir de 2013-2014 en el contexto de un macrocaso de corrupción en el seno del Gobierno y el AKP [8] y sus diferencias en cuanto al intento de proceso de paz con el PKK. [9]
En cuanto a la red de organizaciones de Gülen, sin nombre oficial pero conocida popularmente como Hizmet (“Servicio”), constituye de hecho una suerte de inmenso holding [10] que incluye bancos, medios de comunicación, organizaciones benéficas, escuelas y universidades repartidos en 160 países, con un valor total de alrededor de 25.000 millones de dólares; además cuenta con un número indeterminado de miembros que donan entre un 5 y un 20% de su sueldo a la organización. La joya de la corona son sus escuelas privadas charter: hay más de 1000 repartidas por todo el mundo, de las cuales hay -o había- unas 300 en Turquía y unos 120 en los Estados Unidos, donde Gülen vive exiliado (en una mansión gigantesca en el este de Pennsylvania) desde finales de los años 90. Las únicas grandes excepciones son Rusia e Uzbekistán, donde las escuelas de la red se consideran instrumentos de espionaje y desestabilización y están prohibidas desde hace algunos años.
Erdogan ha pedido la extradición de Gülen, al que considera un terrorista, acusando a los Estados Unidos de connivencia en el golpe de estado y replantearse sus relaciones con la OTAN en caso de que no accedan. Se ha hablado bastante de una posible implicación norteamericana en el golpe después de la tibia y ambigua respuesta inicial de John Kerry [11] a las noticias sobre el golpe en la noche del viernes 15 abogando por la “continuidad y estabilidad” en Turquía. Hay indicios que nos permiten pensar que al menos los norteamericanos podían estar al tanto del golpe de estado o directamente eran conniventes con el mismo. El primero es que la gran mayoría de los mandos del ejército detenidos o cuya implicación parece demostrada participaban directamente en la estructura de la OTAN -Turquía tiene el segundo ejército de la Alianza Atlántica- y por tanto es plausible que tuvieran relación estrecha con los norteamericanos. De hecho, el primer comunicado de los golpistas enfatizaba la pertenencia a la OTAN y los compromisos internacionales adquiridos.
Parece también confirmado que durante la noche del golpe salieron de la base de Incirlik varios cazas F-16 y aviones de carga [12] para repostaje de combustible en vuelo. Incirlik, desde donde se dirigen las operaciones aéreas contra ISIS, es una base de la OTAN que comparten fuerzas aéreas de los Estados Unidos, Turquía, el Reino Unido y Arabia Saudí. En la misma hay destacados más de 2.500 soldados norteamericanos [12] e incluso un buen número de cabezas nucleares [13]. ¿Alguien puede creerse que el Pentágono no estuviera al corriente de los preparativos con tanto ruido a su alrededor?
En cuanto a las relaciones entre los Estados Unidos con la propia red de Gülen, hay varios indicios en el sentido de que existen profundas relaciones desde hace décadas. En las memorias de Osman Nuri Gündes, un alto oficial de inteligencia turco, publicadas en 2011 -antes de la ruptura de Gülen con Erdogan y por tanto el actual conflicto- se explicaba en detalle cómo la CIA había usado la red de escuelas de Hizmet como cobertura [14] para operaciones encubiertas en el Asia Central -países de etnia e idioma túrquico- a partir de los años 90. No era una información nueva: un profesor de la Universidad de Ankara, Necip Hablemitoğlu había apuntado en la misma dirección en un artículo en 2001 [15] antes de ser asesinado en 2002 en circunstancias aún no esclarecidas.
Otra conexión interesante apunta hacia los emiratos del Golfo Pérsico y en especial Arabia Saudita. Ya hemos visto que las fuerzas armadas de Arabia Saudita hacen uso habitual de la base de Incirlik, con lo cual parece plausible que al menos el Ministerio de Defensa saudí estuviera al corriente de la cuestión. La semana pasada Mujtahidd, un opositor, tuitero y fuente [16] que parece estar muy relacionado con la familia real saudí -no en vano se le llama “el Julian Assange saudí”, informaba sobre la cuestión [17]: Mohamed bin Salman, hijo del rey Salman bin Saud, segundo en la línea de sucesión al trono y Ministro de Defensa, habría estado informado con tiempo del intento de golpe, como también lo estaría el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos en Abu Dhabi. En la misma dirección apuntaba Hamad Bin Khalifa Al Thani, emir emérito de Qatar, que nombraba explícitamente a Adel el-Jubeir, [18] el Ministro saudí de Exteriores como cómplice del golpe. En una sesión a puerta cerrada del parlamento iraní, el Ministro de Exteriores iraní Javad Zarif apuntaba también a Arabia Saudí [19] -y en menor medida a Qatar- como instigadores.
Mientras tanto, el establishment saudí ha dado una cal y una de arena. Por un lado, el gobierno saudí detuvo en el aeropuerto de Dhammam a Mijail Güllü [20], el agregado militar de la embajada turca en Kuwait, mientras intentaba huir hacia Amsterdam haciendo escala en Arabia Saudita; el gobierno del rey Salman mostró su disposición a extraditarlo sin demora. Güllü aparecía en los planes del golpe como el futuro encargado de dirigir KPG, una gran corporación estatal de industria mecánica y química muy relevante en la estructura del complejo militar-industrial turco. No es el único agregado militar que aparece implicado en el golpe: el general Akin Ozturk, hasta hace un año jefe de la fuerzas aéreas turcas, fue durante años el agregado militar en la embajada turca en Tel Aviv.
Amigos para siempre will you always be my friend…
Al mismo tiempo, el establishment mediático saudí ha venido cuestionando los límites de la purga en Turquía: en el diario Asharq Al-Awsat, propiedad de Faisal bin Salman -hijo del rey Salman y hermano pequeño del Ministro de Defensa- han advertido en sendos editoriales a Erdogan sobre los riesgos de pedir de forma demasiado insistente la extradición de Gülen; explícitamente hablan de que si remueve demasiado las cosas podría desatar la ira de Occidente y ser él mismo derrocado. Han insistido en esta idea tanto el actual director del diario, Eyad abu Shakra [21], como Abdulrahman al-Rashed [21], el anterior director del mismo y actual director general de la radiotelevisión por satélite Al Arabiya, con sede en Dubai, que se supone que tiene como accionistas mayoritarios o al menos apoyo financiero de la familia real saudí. La relación de la familia real saudí con Erdogan y el AKP lleva tiempo sin ser demasiado fluida: Turquía y Erdogan eran el principal apoyo de la Hermandad Musulmana en Egipto [22], cuya derrocación apoyó Arabia Saudí, y también de la principal oposición interna en Arabia Saudí, que es la sección local de la Hermandad Musulmana [23].
Para sacar algo en claro hemos de ampliar el marco: si algo tienen en común las petromonarquías del Golfo, los Estados Unidos y el movimiento islamista de Gülen en el cuadro del Oriente Medio es la animadversión hacia el régimen de Al-Assad -con el apoyo que han prestado a los distintos grupos de la oposición, desde el opositor Ejército Libre Sirio hasta el ISIS y el frente Al-Nusra, la franquicia siria de Al Qaeda- y también a Rusia, Irán y Hezbollah, sus aliados regionales.
Este escenario, en el que Turquía ejercía de principal apoyo en la región a las milicias opositoras y islamistas, hasta el punto de establecer zonas de exclusión aérea que directamente les protegían, ha ido cambiando en los dos últimos años, y especialmente en 2016 después de que el presidente Erdogan empezara a hablar directamente de reconstruir relaciones con Rusia, Irán y el gobierno de Al Assad para buscar la paz [24]. Las relaciones, recordemos, estaban rotas desde que el derribo poco claro de un avión militar ruso que supuestamente había atravesado el espacio aéreo turco en la frontera con Siria había conducido al gobierno de Vladimir Putin a imponer gravosas sanciones económicas a Turquía.
Parece que en la decisión de Erdogan de apostar por la distensión con sus vecinos han pesado los más de cuatro millones de turistas rusos que visitan cada año Turquía, a los que hay que añadir el millón y medio largo de iraníes; por contra de las petromonarquías del Golfo sólo les llegan anualmente poco más de doscientos mil. El saldo da para pensar. Hay además asuntos como el trazado de los gasoductos y oleoductos con el consiguiente acceso a hidrocarburos que son de especial interés para Turquía en el actual contexto de desorden en buena parte de los países de la OPEP. Por contra, los atentados islamistas en suelo turco y la consiguiente huida del turismo europeo occidental han hecho replantear la política de alianzas en Oriente Medio: ha cundido la sensación que la insurgencia islamista está fuera de control y se les debe cortar el grifo.
El cambio de apuesta turco llega en un momento en el que la guerra en Siria parece estar tocando a su fin, al menos como escenario abierto y con la legitimidad del gobierno en cuestión. La llegada de los rusos el año pasado centró los esfuerzos de la coalición gubernamental en acabar en el terreno militar con cualquier oposición con suficiente legitimidad para sentarse en una mesa, además de completar el control de la principal trama urbana entre Damasco y Alepo. El resto, el ISIS es sólo un problema militar y de seguridad, no un actor político con suficiente legitimidad para disputar la continuación política del baazismo.
Ahora el sitio de Alepo, la ciudad más poblada de Siria antes de la guerra, está a punto de terminar [25] y el gobierno de Al Assad parece salvado. Seguramente sea en el frente de Alepo el único lugar en el que el golpe de estado en Turquía el 15 de julio se celebró abiertamente como una fiesta: las fuerzas leales al gobierno de Assad veían como la oposición perdía a su más fiel aliado hasta la fecha. En realidad, entre los opositores sitiados la sensación es de que el gobierno turco les ha traicionado y que sólo esperan el final. Con Rusia metida hasta el fondo y Turquía poniéndose de perfil ante sus antiguos aliados, la causa de la oposición parece condenada. Puede que el golpe fuese una suerte de coletazo a Ankara por parte de sus antiguos aliados en el interior y el exterior, pero eso quizá no lo sabremos nunca a ciencia cierta.
Lo que sí es cierto es que la reconfiguración de equilibrios en la región está teniendo efectos inesperados. El domingo 17, mientras el mundo aún miraba de reojo la situación en Turquía y fingía haber apoyado siempre la imperfecta democracia turca, Israel se alarmaba. Un pequeño dron, supuestamente de fabricación rusa sobrevolaba las bases militares del ejército israelí en los Altos del Golán [26] y realizaba algunas fotografías. Los Altos del Golán, a escasa distancia de Damasco, con gran importancia estratégica y presencia de acuíferos están ocupados por Israel de forma ilegal desde la Guerra de los Seis Días en 1967. La aviación israelí intentaba derribarlo por tres veces, fracasando de forma estrepitosa y consiguiendo únicamente que uno de sus misiles Patriot cayera accidentalmente en un kibbutz cercano y dejara herida a una niña israelí. A diferencia de lo que habría pasado unos años atrás, no hubo expedición de castigo ni tan siquiera respuesta diplomática oficial. La causa evidente de la inusitada prudencia israeló es que las fuerzas rusas están estacionadas a pocos kilómetros al norte y disponen de radares, armamento antiaéreo moderno y hasta aviones de combate. Lo más inquietante, según observa la prensa israelí, es que los radares rusos cercanos no les notificaron nada: Rusia se lava las manos al respecto.
El acto de Hezbollah tiene un significado claro: recordar a Israel y de paso a sus aliados que el mapa regional que empezara a abrirse hace cien años no está ni mucho menos cerrado y sigue habiendo tanto reivindicaciones como retos pendientes. Igual que el ISIS abjuró oficialmente del acuerdo Sykes-Picot [27]que dividió al Oriente Medio hace cien años, las fuerzas emergentes de la región parecen decididas a expresar a Occidente y sus satélites -y no siempre de las formas más elegantes, garantistas o democráticas- que la vida de millones de personas no puede planificarse trazando líneas en la arena desde el despacho de un oficial de inteligencia, antes en El Cairo y ahora (no sólo en) Washington. Aunque, vistas las reacciones al golpe turco y las explicaciones un tanto naïf que podemos leer en la prensa occidental, no parece que un siglo haya servido para avanzar mucho.