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Qué puta pasada pactar contra el PP

Sirva el título como homenaje a esta maravilla de cuenta de Twitter [1]. La negociación posterior a las Elecciones Autonómicas y Municipales del pasado domingo 24 está resultando tan entretenida como cabría prever [2], y con un leitmotiv básico: el PP da tanta grima a todos los ciudadanos que no han votado al PP que nadie quiere tocar a este partido ni con un palo. De manera que, en los ayuntamientos y CCAA donde el PP no ha sido el partido más votado, parece que los demás partidos se pondrán de acuerdo entre sí sin demasiados problemas. Y en los ayuntamientos y CCAA donde el PP ha sido el partido más votado, pero no puede lograr la mayoría absoluta pactando con ninguno de los partidos potencialmente afines (véase Ciudadanos), parece que los demás partidos, a expensas del pulso Pablemos-Snchz al que haremos referencia más adelante, se pondrán de acuerdo en lo indispensable para expulsar al PP lo más lejos que sea posible del dinero público manejado en esas instituciones. Por último, en los ayuntamientos y CCAA en donde la suma PP+C’s sí que da la mayoría absoluta… El PP da tanto asco, incluso a los votantes de C’s, que parece bastante factible que este partido se abstenga de dar su apoyo al PP, aunque ello suponga apoyar, o tolerar, alianzas venezolanas con el PSOE.

La clave de arco del asunto, como siempre, se dilucidará en Madrid. En el ayuntamiento ya está claro que gobernará Manuela Carmena, una mujer cuyo carisma y amor ciudadano se ha forjado, casi íntegramente, merced a su rival, Esperanza Aguirre, que parece uno de esos supervillanos de los comics que inventan una máquina terrorífica para maximizar su poder, el invento les sale rana y acaban expulsando poder de su cuerpo hasta que mueren, totalmente consumidos, en una viñeta terrorífica o ridícula para los lectores (según la edad con la que la lean). Pues donde pone “poder” pongan carisma y eso es lo que le ha pasado a Aguirre. Esta mujer hacía y decía una serie de cosas impresentables, mintiendo con descaro, apropiándose de lo público con alevosía para regalárselo a sus amigos, etc., y la gente, al menos mucha gente, consideraba que eso era campechano y castizo, y de ahí sacaba Aguirre su carisma.

En la campaña electoral, al ver que los recursos habituales no funcionaban, Aguirre ha ido retorciendo más y más su argumentario y sus insultos, evidenciando ante más y más gente lo que es: no movilizó su voto, sino el voto de izquierda, y acabó con una victoria pírrica, insuficiente para obtener la alcaldía (que, a su vez, era el primer paso para su enésimo proyecto de alcanzar la cúspide del PP). De resultas de lo cual, Esperanza Aguirre se convirtió en cadáver político, y escenificó su conversión en tal mediante dos ruedas de prensa / declaraciones extemporáneas a cual más ridícula, de las cuales surgió la viñeta final de Aguirre exangüe, expulsando de su cuerpo todo el carisma que le quedaba para forjar con él ese magnífico invento que es “Por un Madrid de centro [3]” o “fascistas pidiendo al PSOE que centre sus políticas con el brazo en alto”

Justo en el centro de la cuneta

Como contrapunto de Aguirre, y de tantos barones territoriales del PP que hoy están muertos (incluyendo en el paquete a Dolores de Cospedal, evidentemente, y al propio Rajoy), quedaba la figura de Cristina Cifuentes, que había obtenido un resultado mucho mejor que Aguirre, que le permitía gobernar con el apoyo de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid. Además, Cifuentes, mucho más avispada que Aguirre, mucho más conectada con una sociedad española cada vez más harta de la arrogancia y la estupidez imperantes en el PP, derivados a su vez de su firme asidero en el franquismo sociológico, cuarenta años después, ya estaba haciendo sus movimientos “soy de derechas con una sonrisa, con tatuajes y dizquen republicana”, haciendo carantoñas a C’s, al PSOE, a Podemos y a todos los medios que aún se estaban limpiando los restos de sangre de Esperanza Aguirre de las portadas.

Y entonces llegamos a Ciudadanos, que ahora pone mala cara, como diciendo “no sé para qué apoyar al PP en algún lado, con sus imputados y sus chanchullos, y correr el riesgo de que mis votantes vuelvan a ser sus votantes”. ¿Qué es Ciudadanos? Hasta ahora, casi todo el mundo, incluyendo el que esto escribe, daba por supuesto que estábamos ante una marca blanca del PP, surgida en los amorosos brazos del Ibex35 para aportarle al PP esos votos tan necesarios para obtener investiduras y seguir mandando en CCAA, ayuntamientos y La Moncloa. Pero el problema es que el plan no ha salido demasiado bien en el 24M, y nada asegura, a la luz de los resultados, que lo hiciera mejor en las Generales.

Así que el Ibex35 tal vez esté activando su plan B (o tal vez siempre tuviera el plan B como plan A, o dos carpetas con una gruesa letra en la cubierta, “A” o “B”, quién sabe): Ciudadanos como marca blanca de la derecha española, como partido de derecha moderna, civilizada y presentable (o, al menos, más que el PP), llamada a sustituir, y no a apoyar, a un PP que está más muerto que la carrera política de Esperanza Aguirre. Un PP al que no soporta el 70% de la población española, que es residual en Cataluña (donde da más asco a la población que en ningún otro sitio), a diferencia de C’s (que, recuerden, son CATALANES), y que está aún más muerto entre el público joven. Un PP parecido a lo que era AP en los años 80, condenado a gobernar en Castilla y León, en Galicia, en un par de regiones uniprovinciales más (Cantabria, La Rioja, tal vez Murcia, … -¡tal vez Murcia! ¡A eso hemos llegado!), … y punto.

Las elecciones hacia las que nos encaminamos ofrecen pocas posibilidades para el PP, y todas pasan por un pacto con Ciudadanos. El pacto con el PSOE, la Gran Coalición, se aleja en lontananza. ¿Por qué se aleja? Porque, aunque la Casta sea estúpida, contratan asesores que a su vez dan becas mal pagadas a becarios que malviven intentando medrar como sea. Y estos últimos no son siempre estúpidos, o tal vez es que les lean a Ustedes, listillos de LPD y Twitter, y saquen sus ideas de allí. No sé. El caso es que la Casta, para sobrevivir, necesita simular que no es tan Castaza como es. Un pacto PP-PSOE, una Gran Coalición, con el asco que da el PP a la mayoría de la población, es la muerte del PSOE, y sólo funcionaría a largo plazo para el PP si la economía volviese a funcionar (de verdad, con pisos por doquier construidos con una virtuosa mezcla de cemento y cocaína al 50%). Y, aun así, insisto: el PP ha llegado a un punto tal en el que hay demasiada gente que lo considera insoportable.

El PSOE, por otro lado, lo que quiere, como todo partido que se precie, es mandar. El escenario de hace un año, con Podemos fortísimo y el PSOE de Snchz desvocalizado, como pollo sin cabeza (o sea: como ahora, pero con menos perspectivas de mandar) mostraba que, para mandar, lo más factible era esa Gran Coalición que entonces deseaban el Ibex y el Preparao. Ahora ni siquiera está claro que el PP sea el partido más votado en las Generales, tampoco que sume con Ciudadanos, y tampoco que, en caso de sumar, Ciudadanos apoyase. El PSOE, en cambio, tal vez pueda gobernar apoyándose en Ciudadanos o en Podemos. Si bien el PSOE tiene un problema con este último partido, para el cual las Generales han sido, desde un primer momento, el objetivo supremo y casi único, al que han supeditado todo lo demás.

Para triunfar, Podemos necesita sacar un voto más que el PSOE. Y, si es posible, que el PP supere al PSOE, para que o bien el PSOE apoye un gobierno de Podemos (imposible), o uno del PP (improbable), o una combinación con Ciudadanos. Todas estas opciones (sobre todo, como es obvio, las dos primeras) son muy buenas para Podemos en el medio plazo. Pero para eso este partido necesita quedar por delante del PSOE. En el primer round, las Municipales y Autonómicas, el PSOE ha salido mejor parado, pero Podemos ha mostrado su mayor vitalidad en muchas ciudades. Como, además, lo han hecho inmersos en diversos experimentos de confluencia ciudadana, Iglesias ha sacado la conclusión obvia: para comerme al PSOE en la próxima legislatura, he de comerme antes no sólo a Izquierda Unida (en proceso), sino a toda esa gente rara de izquierda “mini-nacionalista” de las mareas y demás. Es decir, comerse a Compromís, a la Chunta Aragonesista, a [ponga aquí su absurdo partido regional de izquierda-no-de-la-ETA]. Y en ello está.

También hay una cuestión peliaguda en el camino: ¿qué hacer con los pactos municipales y autonómicos? El mismo problema que tiene Ciudadanos con el PP, aunque quizás con menor gravedad, lo tiene Podemos con el PSOE: si apoya a un partido de la Casta, parte de sus electores se irán por donde han venido. Pero, claro, si no apoya al PSOE y esto tiene como efecto que en mi municipio, en mi comunidad autónoma, continúe gobernando el PP, el partido que genera más rechazo de España, … ¡No, por favor! ¡Pacten con el PSOE, pongan el Himno para que podamos pitarlo a gusto y tengamos la fiesta en paz!

Esto es lo que propicia la escuela Snchz – ZP de pactismo con Podemos, consistente en matar al enemigo a besos, pactar cuando el PSOE aún es más fuerte y desactivar al enemigo íntimo, integrándolo en el PSOE y quedándose con sus votantes. O sea, la estrategia que ha hecho el PSOE con IU de toda la vida, aunque ahora la situación sea mucho más precaria. Frente a esta estrategia, tenemos la escuela Susanaza-Felipe Glez Natural de no darle a Podemos ni agua y matar al enemigo a hostias. Y si hay que tontear con los pactos con el PP, las Grandes Coaliciones para que el PP siga mandando en las capitales andaluzas, como siempre, y el PSOE en Andalucía, también como siempre, pues se hace. Los ciudadanos sabrán premiar ese ejercicio de responsabilidad, y de los empresarios y medios de comunicación de Madrid que le acarician el lomo a Susanaza cuando se deja caer por el Club Siglo XXI para decir naderías, y le susurran al oído cosas bonitas como “Lideresa”, “Presidenta”, etc., ya ni les cuento.

Lo normal es que Podemos acabe apoyando las investiduras del PSOE en la mayoría de CCAA, a cambio de un par de joyas de la Corona (Madrid, Zaragoza, Aragón), y luego dedique estos meses a denunciar que el PSOE está haciendo políticas de Casta y les puteen todo lo que puedan. Y después de las Generales, ya veremos. Pero si no se da el pacto con Podemos, está el ambiente propicio para que el PSOE pacte con Ciudadanos y dejen a esta pobre gente del PP en el arroyo. Claro que puede que la recuperación económica provoque un vuelco electoral y de percepción ciudadana tan notable que los chavales de Ciudadanos se lo piensen dos veces y prefieran cumplir el honroso papel de CDS, que más vale una poltrona en mano que ciento volando. O eso, o que les quitemos el voto a todos los que pitan el Himno. Yo es por proponer alternativas.

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