Oscar 2014, los titiriteros de Hollywood
Este año se conmemora el 40 aniversario de la dimisión del presidente norteamericano Richard Nixon como consecuencia del escándalo Watergate. Un grupo de medios de comunicación, entre ellos el Washington Post, promovieron una investigación periodística a raíz de un caso de espionaje al partido demócrata que puso al descubierto toda la red de chantajes mafiosos y mentiras de la Casa Blanca. De haber estado en España, Nixon podría haberle echado la culpa al tesorero de su partido y no habría pasado nada.
Los periodistas del Washington Post se convirtieron entonces en modelos del compromiso cívico de un oficio dedicado a la fiscalización del poder y al tratamiento crítico de la información emitida por las instancias gubernamentales. Los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein decidieron hacer algo más que fusilar teletipos o asistir a ruedas de prensa sin preguntas. Si hubiera sucedido en España, el escándalo del Watergate se habría solucionado cambiando desde el gobierno a los directores de los periódicos.
Pero no contentos con cargarse a un presidente, los estadounidenses decidieron hacer algo más, una película que contara los hechos más relevantes de la investigación. El film se tituló Todos los hombres del presidente y se realizó justo a continuación de la dimisión de Nixon. Se trató de un proyecto personal de Robert Redford, que también influyó en la elaboración del libro de Woodward y Bernstein en el que contaban su peripecia. Redford compró los derechos del libro, eligió al realizador, escribió el guión definitivo y participó en el montaje de una película que atacaba directamente al presidente del país. En definitiva, Redford es un titiritero farandulero subvencionado, uno de los parásitos del mundo del cine a ojo de ciertos sectores de la opinión pública si esa película hubiera sido española [acceso al artículo completo]
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