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España es Azul (IV): La Puerta del Sol

Un hombre se va de vacaciones a Benalmádena y le deja las llaves de casa al portero para que le riegue los geranios y le recoja la correspondencia. Cuando regresa del veraneo, se encuentra con que el portero ha vendido su casa a otro señor que a partir de ahora se la va a alquilar. Todo son ventajas. Si se rompe el picaporte de una puerta, te la arregla tu casero, tú sólo pagas el alquiler y te desentiendes. A vivir más libre. El hombre coge entonces y llama a la administradora de la comunidad de vecinos y le pide que por favor renueve el contrato del portero por otros cuatro años más. ¿Y quién es este hombre se preguntarán? Este hombre es un madrileño medio.

Las políticas de Esperanza Aguirre en Madrid son bien conocidas. Los ciudadanos la eligen como gestora de la Comunidad y ella la va vendiendo en parcelas con mayor o menor disimulo. Lo que no se puede decir es que esto pille de nuevas. Cuando Esperanza Aguirre fue concejal de Medio Ambiente y Cultura en las alcaldías de Rodriguez Sahagún y Álvarez del Manzano se dedicó clara e inequívocamente a la privatización de todo cuanto tocaba, como un Rey Midas centrista y liberal. Así cayó la última depuradora del Ayuntamiento, multiplicando por tres la partida de gastos destinada a su gestión sin contar las multas que empezó a poner el Ministerio por la calidad del agua, cosa que nunca antes había ocurrido. También privatizó el cuidado de los jardines. Y algunos, con fórmulas maravillosas, como el de La Quinta de los Molinos, de 1920, privatizando espacios para la hostelería pues así se podrían costear los gastos de mantenimiento de lo que quedaba de parque ¿no es estupendo?

En cuanto a la otra cartera, la de Cultura, privatizó los teatros municipales, algunos levantados expresamente con el dinero de todos para la Capital Cultural del 92, echando a todos los trabajadores. Y a programar Zarzuelas. Sólo se quedó aquel Ayuntamiento con el mal sabor de boca de no haberle podido meter mano a la EMT (Empresa Municipal de Transportes). Unas huelgas les dejaron los huesos helados y se propusieron sólo hacer privadas las nuevas líneas, cosa que finalmente no se llevó a cabo. A excepción de la línea de metro del aeropuerto en esta época moderna en los que nadie pregunta, o preguntaba.

Gracias a estas medidas se entiende que el Ayuntamiento pudo dedicarse sin freno a lo realmente importante, inyectar coches en la ciudad, haciendo túneles y parkings hasta aumentar la deuda de 40.000 a 200.000 millones de pesetas en los tiempos remotos que se recuerdan como comedidos y responsables después del listón que ha dejado Gallardón.

Otro rasgo característico de la presidenta, echarle pulsos al Gobierno si es de distinto signo político, también estaba presente en aquellos días. Con el pretexto de evitar la tala de cuarenta y cuatro árboles en terreno municipal, la Comunidad de Leguina tuvo que paralizar un año las obras del metro en su ampliación de la línea 10 hasta Príncipe Pío. Aquello se convirtió en una lucha sin cuartel y Esperanza llegó a replicar a la Comunidad que se pusiera como se pusiera, nunca podría entrar “en el salón de su casa”. Aznar llegó a visitar el citado bosque como el general que visita la trinchera y al final se salieron con la suya y la línea cambió el trazado previsto. También en la actualidad ha vencido sus batallas, ésta vez al Gobierno de la nación, ya sea con la no aplicación de la Ley de Dependencia, o con la imposición de la polémica vacunación del papiloma humano a las adolescentes, donde Zapatero empleó técnicas de guerra orientales con el razonamiento de que si no quieres el titular “El PSOE, contra la vacuna del cáncer” únete a su mentira como si se te hubiera ocurrido a ti. Y a gastar y gastar para mayor gloria del laboratorio amigo de la gente, que casi quiebra Castilla y León y aún no había llegado ni la crisis.

Porque al margen de estos dos detalles singulares, privatizar y luchar contra el Estado, Esperanza Aguirre es una político de lo más normal dentro del panorama español. Si había huelga de basureros, les llamaba “alcohólicos” en un lapsus linguae. Si había que luchar contra las cacas de los perros, presentó la ‘motocaca’, cuyo inventor misteriosamente luego no apareció en el concurso. Después el ‘chupican’, como la ‘motocaca’ pero que no triunfó porque hacían falta dos operarios, uno para la moto y otro para la trompa succionadora. Y también el ‘triciclocaca’, del que también se habló y no ha vuelto a haber noticia. Ahora las cacas las recogemos los propietarios con una bolsita a gasto cero ¡oh progreso de la civilización tecnológica de los ingenios mecánicos!

La concejal también protagonizó iniciativas junto a su ahora enemigo Ruiz Gallardón para erradicar la prostitución de las calles cuando se le ocurrió a Barranco pedir al Ministerio del Interior que legalizase y regulase este negocio sempiterno. Pero mucho más entrañable fue su creación de una unidad ecológica de la Policía Municipal que se llamó “Arco iris”, con un idem de logotipo en el todoterreno, que resucitaba una iniciativa de ¿adivinan quién? Florentino Pérez cuando era delegado de Saneamiento en 1976. Así lo reconoció ella: “no es idea mía”. Aunque los del ahora presidente del Real Madrid iban con un brazalete verde y velaban por que no hubiera ruido. Cosas de antaño, de aquella gente lejana.

Si bien la que hay que destacar es una última y muy original idea de esta etapa por tener conexión con la actualidad. A cada niño, un árbol, dijo desde su concejalía. Así se hizo, hasta que el Ayuntamiento no daba abasto para plantar tantos árboles, más de veinte mil al año, y la iniciativa se abandonó de aquella manera. Muchos padres quedaron indignados, pues que su hijo tuviera un árbol a su nombre en Madrid no era como una calle pero sí más que una placa en portal de mármol que diga que eres notario. Además, por razones de logística a niños de barrios pudientes les tocaba el árbol en Orcasitas y nunca se atrevieron a ir a verlo. Un sin dios cuya conclusión retrató por aquel entonces Mauro Entrialgo en una tira que decía que, al final, a cada niño le había correspondido una placa con su nombre en un agujero con un árbol mocho, mierda de perro y jeringuillas. ¿Por qué citar este desastre organizativo? Porque ahora Esperanza ha implantado el área única en Sanidad. Como la organización de las once que había antes no daba problemas, pues se ha planteado esta locura con la excusa de que así cada madrileño podría elegir a su médico, cosa que también podía hacer antes, centralizar todas las decisiones y sumir la asistencia a pie de campo en el caos. En su día los vecinos denunciaron que el parque de la Quinta de los Molinos, antes de empezar a privatizar parcelas, estaba claramente abandonado por el consistorio y en deterioro constante. Esto mismo ocurre con la Sanidad. Aunque si nos echan en cara el volumen de las listas de espera, caballo de batalla de las elecciones de 2003 -“si algún madrileño tarda más de 30 días en ser operado dimitiré”, dicho en Telemadrid- sacamos los papeles pues Madrid es la única comunidad de España que cambió su sistema de contabilizar listas de espera e implantó uno propio, no reconocido por el Consejo Interterritorial, en el que todo le cuadra de forma fastuosa ¡mejor que en la Suecia de los setenta!

Pero la realidad es que la asistencia se deteriora. Y se nos llena de negros, que traen enfermedades raras, dicen desde las filas de su partido, obviando que las contraen por las condiciones en las que viven aquí. En conclusión, al final quien más quien menos, porque la salud no entiende de tejemanejes políticos, si puede se va a la privada a la vista de los planos secuencia de Berlanga que se montan en los pediatras, las especialidades y no digamos las urgencias. Por eso la victoria de Aguirre en estas elecciones servirá para que ya se vea en el horizonte la posibilidad de que se pueda elegir descontar de los impuestos la parte proporcional a la sanidad pública si uno ha decidido ponerse en manos privadas. Y mientras te das cuenta, la Educación corre el mismo camino, pues ya la han puesto en el punto de mira. Y con todo derecho, pues estas políticas avanzan a golpe de mayoría absoluta.

Mas todo llega en la vida y lo que parecía que iba a ser un proyecto de cortijo de seis millones de personas a las que cobrarles por el agua, la salud, el deporte, la cultura y los transportes, porque los pobres subnormalitos no saben gestionarse sus propios servicios para que salgan más baratos, equitativos y eficaces, ha sido ensombrecido con nubarrones negros de tormenta: Las masas se han echado a la calle. Así, como quien no quiere la cosa.

Las protestas de Democracia Real han ido dirigidas esencialmente contra el bipartidismo por ley electoral del que gozamos. Todavía no se las puede tildar de otra cosa que no sea de simbólicas. Es más, yo les digo que me ha contado facebook esta mañana que algunos que en su trabajo desde sus puestos organizativos no respetan ni la ley ni los convenios laborales estaban por Sol twitteando a tope. A ver qué queda cuando se esfume lo cool y lo trendy. Pero en cualquier caso estas jornadas dejan un importante precedente: Las manifestaciones se convocan por twitter. Ande y quítele Usted la publicidad institucional a twitter a ver qué pasa, o pruebe a llamar por teléfono amenazando por un trending topic donde no se critica también a su rival político; dele, dele canapés a twitter a ver si caga copy/pastes de notas de prensa. Y lo que es mejor, en la página web de Democracia Real hay, no se lo van a creer, propuestas políticas. Tenemos masas con capacidad para movilizarse autónomamente por motivos políticos. Dios mío, esto parece un debate político ciudadano público y en plena libertad. Pues adivinen cómo ha reaccionado la lideresa y los acólitos cuando se han enterado: ¡Vienen a por nosotros, vienen a por nosotros, como que son la ETA! Si bien es justo señalar que Esperanza Aguirre ha estado comedida. A esto del debate político público sólo lo ha relacionado con el franquismo y las dictaduras comunistas.

La reacción parece natural. Entre esas propuestas, unas más alcanzables o contradictorias que otras, sí se adivina claramente una intención de recuperar los servicios públicos. Si la conclusión de estas movilizaciones es que el descontento de los brindis al sol de Internet puede dar el salto a la calle de forma organizada y tras un objetivo. Si no hay una proporción demasiado abultada de los que han estado en Sol contentos porque ya tenían una foto generacional, puede haber una legislatura movidita en la Asamblea de Madrid. Vaya por delante una cosa, hasta ahora enterarse de lo que ahí dentro ocurría era cosa de freaks. La gente normal hablaba de la ETA. Si todo esto enriquece la política y sirve para que exista un debate, haya más participación y se pueda cambiar el curso de los acontecimientos, lo mismo ahora que la ETA ni mata ni extorsiona, la sociedad madrileña escucha a esa gente que no tiene ni trabajo ni casa y sugiere que como tenga que pagar por que le operen se va al hoyo. Que no quiere molestar, pero…

Por lo pronto, en paralelo a la gestación embrionaria de un gran estímulo o una gran desilusión, está Tomás Gómez, candidato del PSOE, más contento que en brazos tan sólo por que los acontecimientos se hayan salido del guión. Así es su vida. Alcalde de Parla con apoyo masivo, bastó con eso para que Zapatero le nombrara candidato, pero también bastó con los resultados de una encuesta para que lo intentara relegar del cargo en un breve lapso de tiempo. La lucha intestina entre sus 18.000 militantes, por 10.000 del Rayo Vallecano, fue como llevar la guerra a Eritrea. Desde la primera mala mirada entre guerristas y renovadores llevan batallando entre sí en la FSM, lo cual sólo tiene una lectura positiva: evidentemente, son de izquierdas. El caso es que para cosechar su victoria sobre Trinidad Jiménez, la candidata designada por el aparato, se le echó en cara que, coño, le habían votado mucho. Demasiado. Tanto que en Parla hay gente que votó a Esperanza Aguirre y a él, y eso no huele nada bien. Para despejar dudas, Gómez, tras lograr una victoria por muy poco, no ha dejado títere con cabeza que no le haya apoyado llevándose por delante a gente muy valiosa que, malditos hijos de puta, osaron discrepar. Y por ahí le llaman hasta infiltrado del PP. Hasta eso ha llegado la Federación.

Este Tomás Gómez se presenta como el candidato de “la gente común”. Adjetivo que en la tercera acepción de la RAE significa “vulgar, ordinario”; en la cuarta “de baja clase, despreciable” y en la séptima, “retrete”. Y todo el trabajo que nadie sabe si ha hecho o no, porque -repito- seguir la política de Madrid es de raritos, ya está amortizado con las manifestaciones de Sol si con ellas se moviliza al electorado de IU o UPyD y se le chafa la mayoría absoluta a Esperanza Aguirre. Una campaña impecable como la anterior de Simancas hubiera babeado a chorros ante una posibilidad tal. Tampoco puede decir Gregorio Gordo, de IU, que los sucesos de Sol no le estén dando el trabajo hecho. Ha tenido que ser el twitter el que ponga en primera plana la reivindicación de la reforma del inicuo sistema electoral que les condena a la pitopausia. Y con el mismo empujón y no otro cuenta Luis Velasco, de UPyD, en su caladero particular. Lo que abre la posibilidad de un antitético tripartito mesetario. Un engendro que a mí me gustaría ver y twittear.создание сайта на битрикс [1]finnish translation to english [2]

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